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Bajo La Estrella

Blog de Andrey VR

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mayo 2015

El criterio ontológico sobre la verdad

El afán sensitivo humano por saberse garante de una estabilidad lo ha conducido por senderos que le han llevado al criterio de la verdad. El devenir epistémico de nuestras culturas se deja notar esencialmente por el enfoque determinativo en el acto de evaluación y asimilación de los procesos, tomando como base y sustento último a la noción de La Verdad y las implicaciones gnoseológicas asociadas a ella.
Las expectativas de nuestra especie constan de un marcado carácter retroalimentativo a partir del acto de sentirnos a nosotros mismos en tanto tales y para sí mismo. Justamente, construirnos
civilizatoriamente en tanto esencias centralizantes y centralizadoras de sí mismas nos ha obligado a fundar un constructo estrictamente ontológico de la Verdad, como sostén inmediato y último de nuestras cosmovisiones.
La Antropología choca diariamente con este empeño tan nuestro. Y descuidar las implicaciones que ello tiene para estudiar y entender la existencia que eco-reproducimos la puede alejar de las certidumbres más útiles a su objeto científico.
Tanto en el trabajo de campo como en el de gabinete, el antropólogo ha de usar los lentes deconstructores de esta teoría. La noción de La Verdad como criterio ontológico de la propia existencia humana debe convertirse en la premisa epistémica de los estudios antropológicos. Desde una tribu hasta un poderoso Estado-nación tienen como bases establecidas de sus “verdades” el núcleo de lo que entendemos y sentimos sobre nosotros mismos. Entiéndase este último como aplicable a un individuo particular como a la civilización como un todo integrado. La Verdad en sí misma no es más que el reflejo de nuestro ser en el espejo de la autodefinición cultural.
Tal hecho tiene como consecuencia inmediata prejuiciar la mirada que tenemos sobre nosotros mismos, y con ella la praxis autogenerativa de nuestras existencias. Estos reflejos retroalimentan un ciclo meramente basado en el impulso innato de sabernos protegidos, poderosos, con garantías y como centro de un universo bien ordenado.
Para fortuna nuestra la propia vida nos ha hecho crecer y madurar; así, nos hemos percatado de tales falacias y de la complejidad intrínseca que ella encierra.
De este modo, cada vez chocamos con más fuerza contra el soluble muro de La Verdad. Tomamos consciencia del vacío que posee esta noción en tanto tal, y del mero papel instrumental en el proceso de construcción ontológica. Y de cómo esta última emite un criterio de verdad sobre el cual se reproduce el producto más inmediato del ontos: su cultura. Cuando la Antropología estudia las “verdades” de determinada comunidad corre el riesgo de caer en el juego recursivo ontos-verdad, en tanto puede confundir la “verdad-imagen” (promovida por el ontos para definirse a sí mismo) con las “verdades” o “verdad última” (salida del ontos una vez habiéndose visto ya ante el espejo). A esto se unen las propias falacias culturales que segundo orden, o sea, aquellas producidas por la cultura y que interactúan indistintamente con cualquiera de estas dos verdades.
Si el antropólogo es capaz de distinguir estos bucles ontológicos podrá notar que su tarea pasará, ante todo, más que advertir patrones culturales, por asumir el juego ontológico sobre la verdad como paso previo para descubrir el ontos de su(s) sujeto(s) de estudio.

Andrey V. Ruslanov / 27.mayo.2015
Leer más en: http://bajolaestrella.webnode.es/products/el-criterio-ontologico-sobre-la-verdad/

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El privilegio del dolor

“Las cosas vivas tienen, respecto a las no vivas, el privilegio del dolor”. Hegel

El sentido dicotómico con que solemos distinguir las nociones de nuestras cosmovisiones marca el devenir cultural humano. Las ideas de “lo malo” y “lo bueno”, “lo fuerte” y “lo débil”, “lo hermoso” y “lo feo” son algunas de las que solemos utilizar para, más que describir y entender, sentir al mundo en que vivimos.

Sin embargo, la riqueza y complejidad de la vida misma nos ha impulsado a distinguir matices, tonalidades y tratar de romper con este código binario. Pero, lamentablemente, su esencia epistémica subyace aún muy dentro de nosotros.

Todavía hoy seguimos clasificando, separando y etiquetando a los objetos, nociones y esencias que nos rodean. Basta con observar la predominante industria cultural, que tan exitosamente ha adoctrinado a las masas de buena parte del mundo, para darnos cuenta que la base de la cultura y civilización occidentales (campeonas de los siglos XIX-XXI) están justamente en premiar a “lo mejor” sobre “lo común” y/o “lo malo y deficiente”.

Pero lo que sucede con la llamada industria cultural es solo un ejemplo. Existen réplicas de este fenómeno en todas las esferas y dimensiones de nuestro mundo. Lo descrito anteriormente lo podemos encontrar tanto al interior de una taberna o club nocturno, que en un aula universitaria o centro de investigaciones.

Este proceder gnoseológico nos ha privado de explorar y sentir la dimensión más amplia, tal vez auténtica, de la vida toda. Cuando afirmamos que “sin muerte no hay entendimiento de qué es la vida”, que “sin sentir tristeza no sabríamos distinguir la felicidad”, nos referimos a una lectura particular del asunto.

Tomando los conceptos de “muerte” y “vida”, y la relación entre ambos, construimos nuestras cosmovisiones y sentido existencial a partir de otorgarle a “la muerte” todo lo malo y negativo que podamos sentir; y a “la vida”, todo lo placentero y positivo. Por tanto, nuestra existencia, generalmente, consistirá en hacer todo lo posible por “posponer la muerte” y “disfrutar la vida lo más que podamos”.

Pero, ¿qué sucedería de no existir una de las partes? ¿Sabríamos qué es la vida si desconociéramos la muerte? Yo pienso con toda certeza que NO. Valoramos (apreciamos) la vida porque tenemos presente las consecuencias de la muerte. Por ello, la carga “positiva” que le otorgamos a la primera se lo debemos justamente al accionar de la segunda. Entonces, no sería contradictorio afirmar que la noción de “la vida” debe agradecer su existencia (comprensión) a la noción de “la muerte”. Ambas se contienen dentro de sí. No las podemos separar, pues perderían su sentido y razón de ser.

Conclusiones muy similares a estas las podemos encontrar en los sistemas filosóficos y religiosos de las civilizaciones orientales. Justamente por esto la alerta que hiciera al inicio respecto al efecto de la hegemonía hoy de la cultura occidental.

El sistema de pensamiento dicotómico, caracterizado por separar y aislar, ha servido de materia prima a las filosofías que nos han llevado a construir estas sociedades moderno-posmodernas que tenemos hoy. No es casual, por tanto, que los pares “progreso-subdesarrollo” y “primer mundo – tercer mundo” sean los paradigmas culturales predominantes en la forma en que construimos nuestras civilizaciones.

Romper con dicho sistema traería aparejado un cambio radical en el devenir de nuestras existencias. Tal vez culpar al “sistema
dicotómico” de los principales males que nos aquejan sería volver a cometer el mismo error que a él le criticamos aquí. Pienso que intentar solucionar nuestras afecciones va más allá de buscar una cura, o sea, un par dicotómico, sino de reinterpretar a dicha “afección”. Lo que sí propongo es abandonar, hacer desaparecer, ignorar, al paradigma dicotómico y colocar en su lugar al paradigma de la complejidad, en tanto es quien integra y une, dándonos la posibilidad de ver el todo sin descuidar la singularidad de cada una de las partes.

Andrey V. Ruslanov / 22.mayo.2015

Leer más: http://bajolaestrella.webnode.es/products/el-privilegio-del-dolor/

Un grito desde el postPostmodernismo

Hoy puedo. ¡Sí que puedo! Ya siento Su Presencia dentro de mí…

1. Hombre

De cerca puedo contemplarle. Siento su respiración: es como la mía. Lo conocí antes de que todo sucediera, entonces él era feliz. Edipo gobernaba a su pueblo con el mayor de los esmeros. Su temple era aplaudido por todos.

En aquel tiempo el monarca nacía a semejanza del Estado, pero ya se podía comprobar cómo el hombre pujaba por ser Sol y no espejo. Hombre y Estado comenzaban a tener una relación, ora íntima, ora pública, que a todos llamó la atención. Y lo mismo que Homero y Sófocles y Eurípides en la vetusta Hellaz lo fue Dante al concebir el mundo en esta contemplación. A este lo conocí estando muerto, rondaba yo por el último de los círculos de su infierno, sí, aquel que más cerca está de Lucifer.

Para Alighieri el hombre no era el problema, sino el castigo que de forma u otra recibiría. Ni siquiera se molestó en ocultarlo: todos pecamos, todos moriremos y algún castigo recibiremos.

Pero entonces decidí creer en la reencarnación y le dije al Diablo que me aburría su eterna presencia. Entonces nací, pero en un tiempo distinto. Esta vez me vestiría de chaqueta y corbata y viviría en un poblado que por nombre llevaba Saumur. Gracias al bueno de mi tío Balzac conocí a un señor llamado Grandet. Este tenía una hija a la cual decidí hacerle la corte. En casa de los Grandet no se estaba muy a gusto, pero los ojos de mi princesa lo compensaban todo.

Balzac me decía que perdía mi tiempo, que para Grandet el tamaño del hombre se determinaba por la cantidad de dinero bajo sus pies, y que solo daría la mano de su hija a quien no provocara reveses en sus negocios.

Yo, insistente al fin, dejé la comarca donde viví, que creía la más bella del mundo, y me fui en busca de fortuna para obtener la mano de mi hermosa Eugenia.

En mis andares comprendí que los hombres no son iguales en ninguna parte de la Tierra y que cada cual piensa que su patria es la mejor, pero contradictoriamente construyen sus sociedades según aquella ciudad Dorada del otro lado del mundo y que en sus sueños le atribuyen los mejores prodigios.

Al regresar a Francia mi Eugenia se había casado y como yo seguía pobre decidí continuar mis viajes hasta hacer parada en la ciudad de Argel. Allí descubrí que ser hombre era más complicado y decidí olvidar lo que por siglos la Humanidad me enseñó. Para entonces vivía como un extraño y nada del mundo me importó.

La noche siguiente al día de mi muerte tuve un sueño revelador: una criatura me visitó, dijo llamarse:

2. Miedo

En su presencia todo era frío y extraños temblores sacudían mi cuerpo hasta colarse en mi cabeza como comiéndolo todo.

Él me hizo recordar el tiempo en que una vez me llamé Ulises. A mi mente acudió el recuerdo de los besos de Penélope y lo mucho que sufrí durante veinte años por no tenerla entre mis brazos. Entonces recordé que para aquella vida no tenía más agua y pan de la que me brindaba el Miedo de no volverla a ver. Y aprendí a temer a los dioses y a arrodillarme ante su poder. Luego de mí, todos en el mundo griego lo comprendieron bien: era necesario temer.

A la segunda hora de aquel diálogo recordé a mi primo Romeo, quien junto a su amada Julieta vivió el mejor de los amores gracias a Miedo. Cuando pusieron fin a sus vidas habían decidido conservar para siempre tal sentimiento. De no ser un amor prohibido nunca hubiera sido tan grande y alabado. “Teme, hijo mío, y vivirás a plenitud en el eterno juego del Miedo”, me dijo un día mi padre William.

Pero tal suerte no corrió Rodion Raskolnikov. Él provocó un miedo diferente, feroz y cruel (tal vez de propia creación). Para él este monstruo no fue guardián de su vida (¡O tal vez sí!, exclamó mi otro yo), sino el carcelero de un castigo que por crimen cometió.

Ese día me hice amigo de Miedo. Comprendí que era el mayor héroe de la Humanidad. Claro, él me dijo que Hombre y Miedo no eran gemelos, sino trillizos, y al siguiente amanecer de aquella existencia conocí a:

3. Muerte

Los ojos de Muerte me hicieron recordar viejos sucesos:

Encontrábame yo en una de las aulas de la universidad. Recibía una clase de Filosofía, cuyo tema era el Postmodernismo. A todos deslumbró aquel conocimiento. El debate se presentó en la determinación de quién era o no postmodernista. Yo me quedé en silencio, turbado y
confundido. Aquel postmodernismo me dio un empujón al pasado:

Y vi cómo Yokasta llevaba a término su vida y cómo Edipo se cegaba para errar por los caminos en busca del peor de los suplicios. Entonces la Muerte era el pago y la condena en el reino de Hades, donde un remolino de almas atormentadas daría vueltas por toda la eternidad.

Pero no fue hasta la llegada del bondadoso Cristianismo que la Muerte se convirtió en dicha para los buenos y condena para los malos. Y Dante supo alertar muy bien en su Infierno el lugar y el castigo para cada uno de los pecados.

Aun así a Hamlet no le importó cuál sería el suyo tras el frío de la muerte y fue en su búsqueda arrastrando consigo a todo aquel que debía pagar por el asesinato de su padre.

A Grandet la Muerte no tuvo tiempo de hablarle, su llegada le habría molestado en caso de arruinarle algún negocio. Y todavía, cuando ella le llevaba de la mano sus ojos solo temían por el oro que se alejaba.

¡Ah! Pero gloria si tuvo Andrei Bolkonsky al descubrirse vivo. La Muerte le tuvo entre sus brazos por un instante, aquella alma era muy pesada y le dejó caer. Y pudo el príncipe ruso comprender que el cielo era más grande y poderoso que Napoleón…

Y caí de nuevo en la silla de aquella aula, a punto de llorar, pero Muerte contuvo mis lágrimas y me hizo reflexionar:

4. Más allá de la Postmodernidad.

En el olvido no se acaba todo, aunque ya no nos importemos el mundo seguirá existiendo y Su Presencia estará dentro de nosotros y de todo lo que Él creó…

Érase una vez un hombre que tuvo miedo a la muerte y hubo también una muerte que tuvo miedo a quedarse sin hombres. Fue entonces que de una unión entre ambos nacieron los literatos, aquellos que como autores dieron la luz a narradores que se encargaron de recordar en todos los lugares y tiempos el equilibrio entre tres elementos que mantienen de pie a la Historia (hombre, miedo, muerte).

Y es mi grito el de todos estos jueces-recodadores-escritores, criaturas más allá del postmodernismo, que han vivido fuera del lugar y el tiempo y sonríen desde el Postpostmodernismo.

Andrey V. Ruslanov (2012)

Leer más: http://bajolaestrella.webnode.es/products/un-grito-desde-el-postpostmodernismo/ Crea tu propia web gratis: http://www.webnode.es

Un grito desde el postPostmodernismo

Hoy puedo. ¡Sí que puedo! Ya siento Su Presencia dentro de mí…

1. Hombre

De cerca puedo contemplarle. Siento su respiración: es como la mía. Lo conocí antes de que todo sucediera, entonces él era feliz. Edipo gobernaba a su pueblo con el mayor de los esmeros. Su temple era aplaudido por todos.

En aquel tiempo el monarca nacía a semejanza del Estado, pero ya se podía comprobar cómo el hombre pujaba por ser Sol y no espejo. Hombre y Estado comenzaban a tener una relación, ora íntima, ora pública, que a todos llamó la atención. Y lo mismo que Homero y Sófocles y Eurípides en la vetusta Hellaz lo fue Dante al concebir el mundo en esta contemplación. A este lo conocí estando muerto, rondaba yo por el último de los círculos de su infierno, sí, aquel que más cerca está de Lucifer.

Para Alighieri el hombre no era el problema, sino el castigo que de forma u otra recibiría. Ni siquiera se molestó en ocultarlo: todos pecamos, todos moriremos y algún castigo recibiremos.

Pero entonces decidí creer en la reencarnación y le dije al Diablo que me aburría su eterna presencia. Entonces nací, pero en un tiempo distinto. Esta vez me vestiría de chaqueta y corbata y viviría en un poblado que por nombre llevaba Saumur. Gracias al bueno de mi tío Balzac conocí a un señor llamado Grandet. Este tenía una hija a la cual decidí hacerle la corte. En casa de los Grandet no se estaba muy a gusto, pero los ojos de mi princesa lo compensaban todo.

Balzac me decía que perdía mi tiempo, que para Grandet el tamaño del hombre se determinaba por la cantidad de dinero bajo sus pies, y que solo daría la mano de su hija a quien no provocara reveses en sus negocios.

Yo, insistente al fin, dejé la comarca donde viví, que creía la más bella del mundo, y me fui en busca de fortuna para obtener la mano de mi hermosa Eugenia.

En mis andares comprendí que los hombres no son iguales en ninguna parte de la Tierra y que cada cual piensa que su patria es la mejor, pero contradictoriamente construyen sus sociedades según aquella ciudad Dorada del otro lado del mundo y que en sus sueños le atribuyen los mejores prodigios.

Al regresar a Francia mi Eugenia se había casado y como yo seguía pobre decidí continuar mis viajes hasta hacer parada en la ciudad de Argel. Allí descubrí que ser hombre era más complicado y decidí olvidar lo que por siglos la Humanidad me enseñó. Para entonces vivía como un extraño y nada del mundo me importó.

La noche siguiente al día de mi muerte tuve un sueño revelador: una criatura me visitó, dijo llamarse:

2. Miedo

En su presencia todo era frío y extraños temblores sacudían mi cuerpo hasta colarse en mi cabeza como comiéndolo todo.

Él me hizo recordar el tiempo en que una vez me llamé Ulises. A mi mente acudió el recuerdo de los besos de Penélope y lo mucho que sufrí durante veinte años por no tenerla entre mis brazos. Entonces recordé que para aquella vida no tenía más agua y pan de la que me brindaba el Miedo de no volverla a ver. Y aprendí a temer a los dioses y a arrodillarme ante su poder. Luego de mí, todos en el mundo griego lo comprendieron bien: era necesario temer.

A la segunda hora de aquel diálogo recordé a mi primo Romeo, quien junto a su amada Julieta vivió el mejor de los amores gracias a Miedo. Cuando pusieron fin a sus vidas habían decidido conservar para siempre tal sentimiento. De no ser un amor prohibido nunca hubiera sido tan grande y alabado. “Teme, hijo mío, y vivirás a plenitud en el eterno juego del Miedo”, me dijo un día mi padre William.

Pero tal suerte no corrió Rodion Raskolnikov. Él provocó un miedo diferente, feroz y cruel (tal vez de propia creación). Para él este monstruo no fue guardián de su vida (¡O tal vez sí!, exclamó mi otro yo), sino el carcelero de un castigo que por crimen cometió.

Ese día me hice amigo de Miedo. Comprendí que era el mayor héroe de la Humanidad. Claro, él me dijo que Hombre y Miedo no eran gemelos, sino trillizos, y al siguiente amanecer de aquella existencia conocí a:

3. Muerte

Los ojos de Muerte me hicieron recordar viejos sucesos:

Encontrábame yo en una de las aulas de la universidad. Recibía una clase de Filosofía, cuyo tema era el Postmodernismo. A todos deslumbró aquel conocimiento. El debate se presentó en la determinación de quién era o no postmodernista. Yo me quedé en silencio, turbado y
confundido. Aquel postmodernismo me dio un empujón al pasado:

Y vi cómo Yokasta llevaba a término su vida y cómo Edipo se cegaba para errar por los caminos en busca del peor de los suplicios. Entonces la Muerte era el pago y la condena en el reino de Hades, donde un remolino de almas atormentadas daría vueltas por toda la eternidad.

Pero no fue hasta la llegada del bondadoso Cristianismo que la Muerte se convirtió en dicha para los buenos y condena para los malos. Y Dante supo alertar muy bien en su Infierno el lugar y el castigo para cada uno de los pecados.

Aun así a Hamlet no le importó cuál sería el suyo tras el frío de la muerte y fue en su búsqueda arrastrando consigo a todo aquel que debía pagar por el asesinato de su padre.

A Grandet la Muerte no tuvo tiempo de hablarle, su llegada le habría molestado en caso de arruinarle algún negocio. Y todavía, cuando ella le llevaba de la mano sus ojos solo temían por el oro que se alejaba.

¡Ah! Pero gloria si tuvo Andrei Bolkonsky al descubrirse vivo. La Muerte le tuvo entre sus brazos por un instante, aquella alma era muy pesada y le dejó caer. Y pudo el príncipe ruso comprender que el cielo era más grande y poderoso que Napoleón…

Y caí de nuevo en la silla de aquella aula, a punto de llorar, pero Muerte contuvo mis lágrimas y me hizo reflexionar:

4. Más allá de la Postmodernidad.

En el olvido no se acaba todo, aunque ya no nos importemos el mundo seguirá existiendo y Su Presencia estará dentro de nosotros y de todo lo que Él creó…

Érase una vez un hombre que tuvo miedo a la muerte y hubo también una muerte que tuvo miedo a quedarse sin hombres. Fue entonces que de una unión entre ambos nacieron los literatos, aquellos que como autores dieron la luz a narradores que se encargaron de recordar en todos los lugares y tiempos el equilibrio entre tres elementos que mantienen de pie a la Historia (hombre, miedo, muerte).

Y es mi grito el de todos estos jueces-recodadores-escritores, criaturas más allá del postmodernismo, que han vivido fuera del lugar y el tiempo y sonríen desde el Postpostmodernismo.

Andrey V. Ruslanov (2012)

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70 Aniversario de la Victoria sobre el fascismo

Este nueve de mayo el mundo celebra el 70 aniversario de la victoria sobre el fascismo en la II Guerra Mundial. Fue en esa fecha, pero del año 1945, cuando las tropas soviéticas tomaron Berlín e izaron la bandera de la hoz y el martillo en lo alto del Reichstag como muestra de triunfo.

La celebración cada año del Día de la Victoria, tal y como se le conoce desde tiempos soviéticos, sigue siendo hoy motivo de júbilo en la actual Federación de Rusia, máxime cuando las potencias
occidentales se empeñan en disminuir el papel del Ejército Rojo sobre el eje Berlín-Roma-Tokio.

De los 55 millones de muertos que produjo la conflagración mundial, 28 millones pertenecen a la Unión Soviética. Fueron 1418 días de intensos combates en que los soviéticos dieron muestra de heroísmo y cuyas hazañas alentaron a los movimientos de liberación nacional de todo el mundo, los cuales tomaría auge desde ese momento.

Las campañas propagandísticas de los emporios occidentales de medios de comunicación no son causales. Ellas van muy bien articuladas con los discursos políticos de los líderes de estas naciones, cuyo objetivo de fondo es restar méritos de toda clase a Rusia ante la opinión pública internacional.

Naturalmente, esto no se trata solo de un juego de revisionismo histórico, tal estrategia se conecta con los más recientes
acontecimientos en Ucrania y el renacer de Rusia como potencia diplomática, económica y militar en el escenario mundial, como miembro fundador del grupo de los BRICS.

Para entender mejor este asunto debemos remontarnos a la década del noventa del siglo pasado, cuando una Rusia débil y sumisa seguía el juego a los EEUU en su nuevo rol de monarca indiscutible en un mundo completamente capitalista. En ese tiempo la crisis general en que vivía la nación euroasiática la llevó a caer al rango de país tercermundista. Borís Yeltsin, el presidente ruso de entonces, apoyó y respaldó las agresiones de Washington en el Oriente Medio, y tuvo que observar impotente cómo masacraban a sus hermanos de la Yugoslavia ex socialista.

No fue hasta finales de esta década, cuando la subida de los precios del petróleo ayudó al mejoramiento de la economía nacional y con ello la paulatina recuperación de su posicionamiento en el escenario global. A esto se une la llegada al poder de Vladímir Putin en el año 2000, quien plantó cara a los oligarcas y puso orden en el caos que reinaba en esa nación.

Desde entonces Rusia ha retomado su liderazgo como potencia regional y más tarde mundial entre los principales actores políticos y
económicos. Esto no le ha hecho mucha gracia a los EEUU y la OTAN, acostumbrados a la impunidad de sus acciones sin que un rival considerable que le hiciera frente. Desde entonces la OTAN se ha extendido más al Este y ha cercado a Moscú con toda clase de material bélico, aludiendo para ello cualquier excusa.

Podemos encontrar entonces en este contexto la campaña difamatoria de Occidente sobre los méritos y el accionar de los soldados soviéticos en tiempo de la II Guerra Mundial. Ello forma parte de una guerra sicológica en que las potencias de la OTAN inculcan sutil y
abiertamente a sus ciudadanos todo tipo de menosprecio hacia el pueblo ruso. De esta forma, tal y como ha ocurrido en las cruzadas contra naciones árabes, no sería difícil enviar soldados a luchar contra Rusia, teniendo el apoyo de la ciudadanía.

Con la guerra civil desatada en Ucrania el año pasado, Washington no ha tenido que esforzarse mucho para ganarse aliados y toda clase de respaldo en su porfía contra Moscú. De este modo, tenemos al presidente de Polonia, Bronislaw Komorowwski, quien recientemente ha calificado al desfile por el 70 aniversario como una «demostración de fuerza» por parte de Moscú, demeritando el valor histórico de la fecha en pos de los sucesos actuales.

Al mismo tiempo la OTAN anunció hace unos días que estableció con el alto mando del Kremlin una línea de comunicación directa, según informó el diario Franfurter Allgemeine. Ello ocurre por vez primera desde tiempos de la Guerra Fría. ¿Motivos para preocuparnos más?

La celebración del Día de la Victoria sobre el fascismo contará con la presencia de unos treinta jefes de Estado, de los cuales ya Raúl Castro Ruz aseguró su asistencia al acto. Otros, como el Primer Ministro de Japón, han afirmado que no asistirán.

Vladímir Putin lleva años insistiendo en que no podemos permitir que se reescriba el pasado, pues ello estimula que se retomen las tendencias fascistas, tal y como se observa hoy en varias naciones de Europa. Este nueve de mayo será un buen momento para que le tomemos el pulso a los ánimos bélicos, que por estos tiempos insisten en reavivarse desde que el nazi-fascismo fuera derrotado en 1945.

Andrey V. Ruslanov / 9.mayo.2015

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Elecciones UK 2015

Este siete de mayo será jueves de elecciones generales en el Reino Unido. Nuevamente conservadores y laboristas lideran las encuestas, mientras que los partidos «alternativos», como el Verde, el
Independentista de Escocia y el UKIP, irrumpen en el escenario con atrevidas aspiraciones.

Muchos coinciden en que son los comicios más reñidos desde 1992. Según una encuesta publicada en ABC.es, la dos principales formaciones políticas se encuentran empatadas con un 33% de respaldo de los electores.

De este modo resulta poco probable que uno de estos dos partidos alcance la mayoría absoluta de 326 escaños, de los 650 que posee el Parlamento, por lo que inevitablemente tendrán que formar alianzas para gobernar.

La retórica de los contendientes en las campañas electorales y los debates televisivos tienen el acostumbrado ímpetu de estos casos; sin embargo, el desgate es evidente. Los ciudadanos británicos ya no pueden distinguir entre la derecha y la izquierda, sobre todo cuando esta última ha defraudado a sus electores aplicando programas tan neoliberales como los propuestos por los conservadores.

Tenemos a un Ed Miliband, del Partido Laborista, hablando de responsabilidad fiscal e inevitables recortes, como supuesta alternativa al reforzamiento del plan de ajuste prometido por el conservador Cameron, considerado como uno los más drásticos de toda la Unión Europea.

El Partido Liberal Demócrata, bisagra entre ambos y en coalición con los conservadores en estos momentos, mantiene a su líder Nick Clegg como la promesa para el cargo de Primer Ministro. Pero, muchos consideran que cede terreno ante el empuje de los independentistas escoceses y su principal figura ya no convence a los votantes.

Este debilitamiento de las iniciativas partidistas y las respectivas decepciones del electorado han sido aprovechadas por los nuevos partidos políticos, «alternativos o rebeldes», como se les ha dado en llamar. Entre ellos tenemos al United Kingdom Independet Party (UKIP), de Mark Reckless, de corte populista y eurofóbico, con posturas particularmente fuertes en el tema de la inmigración, cosa esta que ha llevado a Cameron a endurecer su propio discurso para no perder seguidores.

«La mayoría apoya la renacionalización de los trenes y de la energía, quieren más impuestos para los ricos, más derechos de los
trabajadores. En temas económicos se identifican más con la izquierda. Pero ha cuajado un sentimiento de que no hay alternativa.» así lo declaraba el joven escritor y periodista Owen Jones en entrevista a El País. Y no es que se trate del clásico apoliticismo juvenil, sino de una aplastante realidad que ya no engaña a nadie.

Este mismo autor califica de absurdo el sistema electoral británicos, en tanto demuestra cómo las élites, o stablishmet, logran
posicionarse en el juego del poder y abandonan sus promesas luego de la victoria en las urnas.

La juventud del Reino Unido es una de las que más se abstiene en las elecciones en toda Europa. Sabiendo esto, los laboristas han planteado en su programa la disminución del costo de la matrícula universitaria con la esperanza de ganar votos entre estos.

Principales promesas

El laborista Ed Miliband ha hecho esculpir una enorme piedra con sus «seis mandamientos». Dice que en caso de ganar la colocará frente a la Residencia del 10 de Downing Street, sede del ejecutivo británico, para tenerla bien presente cada día.

En ella se puede leer: Una fuerte base económica; alto nivel de estándares de vida para las familias trabajadoras; protección del Sistema Nacional de Salud; control sobre la inmigración; un país donde las próximas generaciones tengan un futuro mejor; posibilidad de comprar y rentar casas.

Pese a insistir en la responsabilidad fiscal y los recortes sociales no cae en la retórica anti-austeridad de su mayor adversario. Recalca que la Salud y la Educación permanecerán exentas de tales ajustes y que sus fondos se incrementarán a partir del aumento de los impuestos que tiene previsto aplicar a los más ricos y el control y
transparencia sobre los paraísos fiscales.

Este líder político habla también de la supresión de los impuestos que gravan a las viviendas sociales; la eliminación de los contratos de «cero horas», que eliminan derechos laborales; una Ley de congelación de las tarifas energéticas; el No al referéndum sobre la permanencia de Londres en la Unión Europea; y la renovación del programa de submarinos y misiles nucleares Trident.

Por su parte, el actual Primer Ministro y candidato por el Partido Conservador, David Cameron, insiste en trabajar por la eliminación del déficit público (menos inversión en programas sociales) y la disminución de los impuestos. Propone congelar los beneficios otorgados a las personas en edad laborable y erradicar las ayudas tocantes a la vivienda para aquellos con edades entre los 18 y 21 años.

Plantea celebrar un referéndum en 2017 para llevar a cabo la salida de su país de la UE y endurecer las posturas del gobierno frente a los radicalismos, léase el islamismo en primera instancia.

Sin dudas estas elecciones pueden ser significativas no solo para el país, sino para Europa. Una salida de los británicos solo agudizaría la crisis que vive hoy la Unión, deteriorada ya por la crisis económica y el reto que supone el caso de Grecia.

Pese a las alentadoras estadísticas económicas que muestra el Reino Unido, la población se siente muy decepcionada del modo de vida. Muchos periodistas hablan de que la ideología británica actual es el cinismo y que los resultados de estas elecciones solo dependen del azar de ese día.
Andrey V. Ruslanov / 7.mayo.2015

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Vanguardia y Revolución

El movimiento revolucionario de todo el mundo concedió siempre un papel fundamental a las llamadas vanguardias. Ya fuera a través de un partido político u otro tipo de organización, ellas decían estar capacitadas para conducir a las masas obreras y campesinas a la victoria sobre la burguesía y las clases dominantes en general, para luego, una vez en el poder, guiarlas en la construcción de la nueva sociedad.

Un ejemplo paradigmático de estas vanguardias son los partidos obreros-socialdemócratas en el siglo XIX y los partidos comunistas en el siglo XX. Sin dudas, estos fueron años en que las clases explotadas obtuvieron grandes victorias, que van desde el derrocamiento de la dictadura burguesa y la instauración de regímenes socialistas, hasta la concesión de prebendas y la obtención de beneficios laborales, económicos y sociales por parte de estas mismas clases en las naciones donde no pudieron ser derrocadas.

Sin embargo, podemos distinguir varios ejemplos donde estas
vanguardias no cumplieron efectivamente su papel y donde se estancó la lucha revolucionaria. Este proceso tuvo su punto de inflexión definitivo a fines del siglo XX, donde no solo los partidos y organizaciones de izquierda sufrieron crisis existenciales, sino que en todo el planeta comenzaba a desgastarse el modelo del partidismo político y su respectiva partidocracia.

En el caso de las naciones socialistas de Europa del Este y la URSS podemos apreciar claramente cómo estos partidos dejaron de ser, en la práctica, la vanguardia de las sociedades que decían representar. El alejamiento de las masas, el acomodamiento, el burocratismo, los privilegios de clase, entre otras tendencias negativas, convirtieron a estos en la antítesis de la esencia con que habían surgido.

Por otra parte, debemos tener presente que, luego de la década de los ´60 y la expansión de la posmodernidad, fueron ampliamente criticados los grandes relatos de la modernidad y el papel de los líderes en los procesos de cambios fundamentales (revoluciones). Así, se va desestructurando el modelo que condujo a los procesos revolucionarios fundamentalmente en los siglos XIX y XX, por lo que llegamos ya a un siglo XXI donde el panorama es muy distinto, pero no todos lo han comprendido de esta manera, y son pocos los que han sabido readecuarse a los nuevos panoramas.

Pese a la existencia de una supuesta alternativa europea, con un PODEMOS en España, un SYRIZA en Grecia, un 5E en Italia y otros, claramente se aprecia la continuidad estratégica de antaño con ligeros cambios de táctica y un rescate del discurso demagógico-populista.

Solo es en Latinoamérica donde hay un intento más serio y efectivo en la práctica de las fuerzas progresistas por ajustarse a las nuevas condiciones, y con ello me refiero a los movimientos sociales. Estos, pese a ser variados entre sí, distan en esencia de los partidos políticos. En sus inicios no se planteaban la toma del poder político, sino de erigirse como una fuerza de presión contra los gobernantes para de ese modo hacer cumplir los reclamos de los sectores sociales que representaban. Sin embargo, algunos como el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales en Bolivia, optaron por la vía electoral como única salida real al cambio de cosas existente.

Aun así, no podemos decir que a escala mundial se observe una bifurcación a consolidar esta opción como tendencia mayoritaria.

Este análisis viene a colación con la forma en que las masas y las organizaciones que emergen de ellas ven de un modo distinto el papel de las llamadas vanguardias, al menos en el sentido que anteriormente fuera señalado. Si miramos al Norte vemos que el abstencionismo gana las elecciones en las urnas dado el descontento y la no-identificación de los ciudadanos con las estructuras gobernantes y las élites políticas que dicen representarlos. Y si por casualidad miran a la izquierda no encuentran nada nuevo ni digno de fiar.

Hoy la Humanidad es por mucho más culta e instruida que hace cincuenta años atrás. Los obreros y campesinos de hoy no están tan enajenados de la política o de la realidad que les acontece. ¿Necesitan, pues, de una vanguardia que les diga qué hacer? ¿Debería esa vanguardia comportarse como en los tiempos de las grandes revoluciones? Y no solo hablo de explicar difíciles rompecabezas de la terminología económica, política o legal, muchas veces incomprensibles para los más letrados, sino de la conducción lineal, vertical y directa de cada uno de los procesos de lucha, tanto por la toma del poder como de la construcción de la nueva sociedad.

Los mecanismos democráticos tienden a hacerse más fuertes y
transparentes en el sentido común de todas las clases y grupos sociales. Tal y como una vez las monarquías dejaron de ser
legitimadas, hoy las burguesías comienzan a ser cuestionadas por grandes masas humanas que se lanzan a gritos sobre ellas. Pero las fuerzas revolucionarias siguen atadas a las concepciones decimonónicas de las vanguardias y no explotan el potencial de esas masas cada vez más ilustradas.

Los flashmob, las redes sociales en el ciberespacio y hasta las recientes movilizaciones a través de hologramas en España son muestras de la creatividad de un pueblo que se presenta igual de rebelde que en el siglo XIX, pero distinto por las armas con las que cuenta.

Seamos más perspicaces y cuestionémonos estas ideas a fin de poder articular exitosamente un nuevo modelo de reproducción y acción de los movimientos revolucionarios a nivel mundial.

Andrey V. Ruslanov / 6.mayo.2015

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