¿Quién recuerda a los “indignados”? ¿Quién recuerda al 15M? Como dijera una vez, en estos tiempos que vivimos hoy no es suficiente con “indignarse” ante el totalitarismo del Imperio. Ni siquiera son suficientes las marchas, las acampadas y sentadas en lugares públicos o los enfrentamientos contra la policía antimotines. Es tiempo de hacer algo más radical; de lo contrario, todo movimiento de protesta que aspire a un cambio sufrirá la suerte del olvido. Y ese también fue el caso de la Revolución de los Paraguas.

Cuando hace un año atrás escribí unas breves líneas sobre este suceso, intentando ir más allá de las lógicas que nos venden los grandes medios de comunicación, me di cuenta de que el espíritu que predomina hoy en la mayoría de los movimientos sociales en el planeta no nos conducirá a una victoria plena y duradera sobre la dominación imperial.

Del 22 de septiembre al 15 de diciembre de 2014, los movimientos Occupy Central with Love and Peace y el consejo estudiantil Scholarism se manifestaron en Hong Kong a favor de más democracia. Desde Occidente llegó el apoyo oportuno a lo que veían como una bomba de tiempo en el seno del temido éxito económico de la China “comunista”. La retórica imperial se deshizo en reclamaciones a favor de la democracia y las libertades elementales, cuando lo que realmente les importaba era la desestabilización del sistema que le viene haciendo la competencia y amenaza con cambiar la balanza económica mundial a favor de Beijing.

Sépase que el movimiento estudiantil Scholarism, fundado por el joven Joshua Wong, recibió 460 mil dólares en 2012 por parte del gobierno de EE.UU. a través de la fundación National Democratic Institute for International Affairs. Lo cual nos indica claramente que los tanques pensantes de Washington venían gestando este “golpe suave” desde hace un buen tiempo.

Lo cual verdaderamente es una pena, porque cuando escuchamos los argumentos esgrimidos por los manifestantes de estas protestas el año pasado podemos advertir gran justeza en sus reclamos. La lucha por una democracia más plena y la soberanía civilizatoria de un pueblo fueron utilizadas vilmente por los grandes actores de la política
internacional en función de sus intereses imperiales.

Este tipo de estratagema no es nueva, y ciertamente podemos
encontrarla con frecuencia en otros escenarios de la geopolítica global. Lo alarmante es que se ha convertido en la tendencia predominante en los últimos tiempos, lo que frustra y burla la intenciones serias de cambios que un grupo de ciudadanos pueda emprender con sus acciones.

La forma de incidir e intervenir del Imperio en los movimientos sociales en todo el mundo se ha vuelto muy sofisticada y efectiva. Hasta las grandes insubordinaciones personales como las de Julian Assange, Eduard Snowden y Bradly (Sindy) Manyn, no están exentas de rumores en las que se les acusa de ser un plan más de Washington por controlar la opinión pública internacional.

Así, los constantes fracasos de los últimos gritos de “indignación” y protesta han creado una atmósfera de desencanto y frustración en sus protagonistas, privándolos del deseo y la voluntad de sacrificarse nuevamente por una causa justa. Y es esa justamente la estrategia del Imperio: desalentar y desmotivar a aquellos que intenten levantarse en su contra. Reconozcamos el hecho de que hasta ahora lo van logrando muy bien.

Por nuestra parte, nos queda solo regañarnos a nosotros mismos. Lanzarnos un cubo de agua bien fría para que despertemos de la modorra en la que la industria cultural del Imperio nos ha sumido. Debemos reaccionar inmediatamente y organizarnos de forma enérgica, prudente y eficiente. Tenemos que utilizar nuestras mejores inteligencias y cada herramienta tecnológica que tengamos a nuestra disposición. Admitamos la realidad en que vivimos! En esta Era Nuetra las cosas son más peligrosas de lo que queremos ver.

Hace unos días volvieron a tomar las calles del centro financiero de Hong Kong los movimientos que protagonizaron la “revolución” de los paraguas para conmemorar el primer aniversario y recordarles a las autoridades que sus reclamos siguen en pie. Lamentablemente, y como era de prever, un número muy exiguo de personas asistió allí.

Sus propios líderes declararon que no tienen previsto realizar sentadas y acampadas como las del año anterior, y muchos atribuyen el debilitamiento de las tropas por el “agotamiento” que les produjo las vez pasado. Tal parece que estos asiáticos no son herederos de la tradicional paciencia china. Ellos son hijos de la modernidad occidental, y como tal, responden a una lógica de pensamiento que tiene el otro extremo de sus hilos la mano del Imperio, quien tira de ellos premeditadamente. Tal vez su lucha sea ya del todo estéril.

Puede que este acontecimiento solo sea un lindo recuerdo para los románticos de las pseudo-revoluciones, o una oportunidad “perdida” para los inversores imperiales que quisieron llevarla más lejos, como punta de lanza contra la China continental. Pero para aquellos que deseamos un cambio verdadero en el orden de cosas actual, la caída del Imperio, y el nacimiento de un mundo verdaderamente inclusivo, la revolución de los paraguas debe convertirse en una lección, en un escarmiento del estado actual en que nos encontramos nosotros y las luchas que estemos llevando a cabo.

Andrey V. Ruslanov 16.octubre.2015

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