Carne. Somos solo carne y hueso. Somos una casualidad que se muere mientras dice vivir. Dolor y placer se confunden en nuestros cuerpos entre un amasijo de ensayos y errores de nuestra propia imperfección biológica. Sin embargo, la alegría inunda nuestras existencias, y nuestra capacidad de crear nos ha llevado a compararnos con los dioses.

¿Y cómo es posible? ¿Acaso no basta la sabida sentencia de muerte a la que de antes de nacer ya estamos sometidos? ¿Acaso no es suficiente para anular nuestra existencia?

Es que esta carne está llena de una magia que todavía no somos capaces de entender a plenitud. Estas carnes y estos huesos se ha revestido de humanidad y nos han convertido en Seres Humanos, capaces de transitar a través de la casuística sentencia de nuestra mortalidad con La Alegría que nos llevó a fundar las artes, los mitos y fantasías, las ciencias y el pretendido legado de una esperanzadora inmortalidad en todo lo que creamos.

Ser humanos nos ha salvado de la simple existencia de ser moléculas bien organizadas, de ser organismos andantes repletos de dolor. La humanidad nos ha rescatado del sinsentido, haciendo que viajemos en la búsqueda eterna del mismo sueño que transforma nuestras vidas y hace que todo sea diferente.

Pero, ¿qué es la humanidad misma? ¿es una virtud, un don, una simple propiedad de nuestra naturaleza? ¿Será preciso aprehenderla o simplemente dejarla ser? Hasta ahora la historia de nuestra especie ha consistido en morder la manzana del árbol de la ciencia, pero ello no quiere decir que lo hayamos logrado, ni que el intento fuese útil.

Soñar, amar, creer, luchar; todo ello nos despoja de la mundanidad de que estamos hechos. Y todo ello junto es (…)

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Andrey V. R. / 11.enero.2016

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