En cuestiones de género son más las dudas que las certidumbres, aunque la mayoría piense lo contrario. Cada civilización ha establecido los patrones de identidad que le corresponden a cada uno de los géneros, el femenino y el masculino. Cada cultura presenta sus
particularidades, pero al fin y al cabo, las sociedades adoctrinan a través de la costumbre a todos sus miembros desde la infancia en cuanto a lo que corresponde a cada quien. Por otro lado, en las últimas décadas ha habido una explosión de reclamo por hacer corresponder los sentimientos con la identidad física y simbólica externa. Hoy, muchos hombres de nacimiento se proclaman mujeres, y viceversa. Algunas sociedades aceptan la idea y apoyan la lucha por sus derechos. Sin embargo, la revolución de los géneros ha dejado algo fuera: ¿qué es ser mujeres u hombre?

La categorización de “transgénero” hace alusión a aquellas personas que nacen con una naturaleza biológica externa, a la cual la sociedad le imprime un rol simbólico, pero que expresan no sentirse
correspondidos con ello, por lo cual migran al rol genérico opuesto. Los estudios biológicos y psicológicos abundan por todas partes. En política los partidos llenan todo el espectro de opciones. El colectivo “trans”, como parte de la “comunidad LGTBI” lucha, desde su gheto, por los derechos y el reconocimiento de la sociedad. Sin embargo, no advierten que esa lucha no lo libera verdaderamente, y que en lugar de romper esquemas en cuanto a la concepción de lo que comúnmente se entiende por “género”, solo están reproduciendo los modelos heteronormativos que las sociedades han impuesto a sus individuos desde hace miles de años atrás.

¿Qué es una mujer? Cualquier sociedad que responda a esta pregunta comenzará haciendo una descripción física. Luego, tal vez, hable algo del comportamiento, sus rituales y sentimientos. Lo mismo sucede con el concepto de “hombre”. Los transgéneros de hoy, gracias al desarrollo de la medicina, dicen tener la suerte de ver hecho realidad su sueño de lucir como una mujer. Con un par de cirugías podrán remover el pene que “accidentalmente” la naturaleza les proveyó. Luego, un especialista construirá en su lugar algo lo más semejante a una vagina.

Entonces, podríamos decir que estos rebeldes de los géneros están de acuerdo en que ser mujer es tener una vagina y un par de tetas. ¿Ven la contradicción por alguna parte? Pienso que esta revolución está a medias aún. Rompen con el determinismo biológico en un inicio al no aceptar lo que son (o mejor, lo que la sociedad les dice que deben ser) y luchan por ganar su lugar en el puesto contrario. Sin embargo, una vez allí, mutilan sus cuerpos para construir la misma imagen totalitarista de los que la sociedad dice que es una mujer o un hombre.

¿Acaso esto les responde definitivamente lo que entienden por género? ¿Por qué alguien que nació con un pene, pero que se siente con el alma de mujer, ha de mutilar su cuerpo para cumplir con un fetiche construido artificialmente por cada una de las sociedades? ¿Acaso no pueden existir mujeres con pene? El asunto todavía sigue sin ser dilucidado.

En la India de hoy y en muchos otros países de la antigüedad existe una categoría de personas denominada “eunucos”, hombres privados a posteriori de los órganos reproductores con que nacieron
originalmente. Muchos de ellos eran utilizados por las castas dominantes como guardianes de sus harenes o simplemente como objetos de satisfacción masculina. En la India de hoy tienen plenos derechos ciudadanos y se les conoce legalmente como el tercer sexo. Claro, muchos de ellos ni siquiera pidieron ese destino. Sus respectivas sociedades le otorgaron un rol para cumplir con las necesidades culturales de sus restantes miembros. Aun así, este caso nos aporta varios elementos para la reflexión inicial: es posible romper culturalmente son el determinismo socio-biologisista que
tradicionalmente se nos ha impuesto.

El problema tal vez radica en que no nos queda claro aún qué es verdaderamente lo que le corresponde a cada uno de los géneros, o sencillamente, que deberíamos cuestionarnos si en verdad debe corresponderle algo en específico.

Mujer: debilidad, sumisión, maternidad, crianza, sensibilidad, pasividad, afecto, histeria…
Hombre: fuerza, dominio, gobierno, leyes, frialdad, activo, desafecto, obsesión…

Afortunadamente estos esquemas comenzaron a romperse hace mucho, y numerosas culturas admiten la migración de dichas características de un lado a otro. Sin embargo, sigue existiendo el punto inamovible del órgano reproductor. Y aquí es donde dicen chocar los transgéneros. Dicen poseer el alma de la primera y el cuerpo del segundo. Con ello admiten que las características antes mencionadas deben seguir, al menos en esencia, como paradigma de lo físico-biológico. Entonces, ¿dónde está la verdadera ruptura?

Mujer-vagina- características culturalmente otorgadas a lo femenino Hombre-pene- características culturalmente otorgadas a lo masculino

Así, como a modo de pacto sangriento con la misma sociedad que los persigue y discrimina, estos transgéneros aceptan parte de sus “culpas” y “pecados” y deciden mutilar sus cuerpos para mantener el sistema inamovible que impera en sus civilizaciones. De este modo, si por dentro dicen ser mujer y lo defienden valientemente, van y se hacen sus cirugías para pagar la cuota que la sociedad les pide para ser (al menos en teoría) aceptadas en la normatividad que la acosa y hostiga, en tanto se mantendrá la correspondencia del esquema anterior.
Pienso que la verdadera revolución de los géneros estaría en separar lo biológico externo de lo social impuesto; y lo biológico en su totalidad de los roles que demandan las relaciones sociales. Esta doble ruptura nos puede llevar a:

Mujer: vagina o pene + rol social particular
Hombre: pene o vagina + rol social particular

¿Quiere decir esto que ni siquiera deberíamos hablar de género? La dicotomía femenino/masculino ha resultado ser un espejismo
esclavizante por el cual muchas personas se sienten frustradas, desorientadas, lastimadas, incomprendidas, discriminadas. ¿Para qué clasificar? Esto solo hace de la humanidad una gran cárcel de sentimientos.

¿Hombre o mujer? ¡Qué más da! Responder con uno de los dos devela la esencia adoctrinante y esclavista de una sociedad que solo nos quiere para que realicemos una función. ¿Y qué hay de nosotros? ¿Qué pasa con nuestros sentimientos y libertades?

La revolución de los transgéneros debe seguir adelante. La
incomprensión de su propia esencia sigue lastimando a sus seguidores en nombre de una libertad que no es tal. Tal vez triunfe,
verdaderamente, cuando veamos con toda naturalidad a una mujer orgullosa de su pene.

Andrey V. R.
31 enero 2016

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