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Bajo La Estrella

Blog de Andrey VR

mes

abril 2016

El proceso de integración latinoamericano

El subcontinente latinoamericano cuenta desde el temprano siglo XX con varios modelos de integración. Sin embargo, solo a comienzos de este siglo XXI cuando se produce un boom de proyectos integracionistas, impulsados en su mayoría por los gobiernos progresistas de izquierda que tomaron el poder paulatinamente en este mismo período. Sus líderes le han dado un carácter refundador, soberanista y contrahegemónico, haciendo énfasis en el aspecto social.

Sin duda alguna, ninguno de estos proyectos podría haberte tenido lugar en la era de las dictaduras militaristas del cono sur
latinoamericano, ni con los gobiernos plenamente adheridos al Consenso de Washington. El carácter panamericanista de la OEA y las alianzas exclusivamente económicas nunca dieron, o darán, a la región la integralidad económico-político-social que demanda una verdadera integración, más allá incluso de su vocación izquierdista.

Hoy, la UNASUR, el ALBA, Petrosur, Mercosur, la CELAC, y la amplia red de proyectos estatales y no-gubernamentales de movimientos sociales, constituyen el verdadero espíritu que, a lo interno de la fronteras latinoamericanas, promueve modelos de integración capaces de articular en un sentido común la solución de necesidades y trabajo en conjunto de los intereses estratégicos de todas las naciones que lo componen, unidas por una historia común, una lengua común y retos comunes.

Son muchos los que habla de una patria que va desde el Río Bravo hasta la Patagonia, y es natural, porque la identidad latinoamericana es de tal fuerza que la inmensa mayoría de sus pueblos se ven a sí mismo como integrantes de un territorio común. Bajo estas mismas ideas, y mirando las experiencias en otras regiones del mundo, tiene sentido pensar en un potencial éxito ante las iniciativas de integración regional.
Sin embargo, los retos son muchos y las deudas del subdesarrollo hacen mucho más lento y complejo cualquier proyecto que se desee ejecutar. Claro, los hechos han demostrado que ante todo el éxito se debe a la voluntad política. En apenas dos décadas se ha hecho más por la integración en América Latina que en el último siglo, obteniendo resultados alentadores, sobre todo en el orden social.

La prédica de los gobiernos de izquierda que han liderado estos nuevos mecanismos se basa justamente en explotar las capacidades con que cuentan y basar el trabajo en función de las necesidades reales que asisten a sus respectivas poblaciones, teniendo en cuenta la importancia de no desligar la parte económica (economicismo) de la social y hasta la cultural. Y es justamente esto último una de las grandes amenazas a las que se enfrentan.

La herencia y vigencia del capitalismo neoliberal en la casi totalidad de las naciones latinoamericanas hacen de estas sociedades sistemas construidos en función de mecanismos económicos e intereses de las clases políticas que distan de resolver las necesidades de las amplias masas de población, sumidas en la pobreza, el analfabetismo y el atraso en general. De ahí que todo intento por reorientar los proyectos económicos en fines sociales choque con la resistencia de estas clases sociales que solo se piensan a sí mismas.

Por otra parte, los intereses de los capitales transnacionales y la arquitectura económica imperial del capitalismo incide directamente en cada intento de estos modelos de integración por ponerse al servicio de sus pueblos, en detrimento de los intereses del gran capital.

Así, una de las grandes vulnerabilidades con que cuentan estos mecanismo de integración, es el de perder el apoyo (por su salida del gobierno tras perder en las urnas) de los líderes progresistas. El retorno de gobiernos de derecha hace disminuir el impulso con que nacieron estas iniciativas y que las reorienten a fines estrictamente economicistas en función de los intereses de las clases en el poder.

El gran reto de América Latina, más allá de estar más a la izquierda o la derecha, se basa fundamentalmente en comprender la importancia de la soberanía regional y el fomento de la integración en todas sus esferas, como la mejor vía para salir del subdesarrollo y encarar los retos globales que los de afuera le imponen.

Andrey V. R.

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Tras los destinos de la Unión Europea

Como todo mecanismo de integración, la Unión Europea (UE) está sometida a determinados riesgos, propios de la esencia del conjunto al que se adhieren los países que la integran. Sincronizar sistemas políticos, económicos y culturales de gran diversidad en uno solo, cediendo a su vez la soberanía al centro, implica que las dinámicas sociales, tanto de las élites como el resto de la sociedad, se sometan a cambios que puede llevar mucho más del tiempo previsto para que tengan éxito.

Pese a los logros obtenidos por la UE en su experiencia
integracionista en tan poco tiempo (un par de décadas es ínfimo para lograr una verdadera unión entre países tan diversos) la Unión Europea está afrontando en estos momentos el límite de esos logros y comienza a enfrenta verdaderamente con el auténtico reto que implica lo auto-reproducción del sistema de integración y su crecimiento sostenido.

Para analizar detenidamente esta experiencia no podemos enumerar por separado los factores políticos, económicos y sociales que pudieran dar (o no) al traste con la propia existencia de la Unión, sino que debemos hacerlo desde una perspectiva holista que tome en cuenta la interrelación de todos ellos y su repercusión de modo integral.

Por ello propongo una mirada que transversalice estos factores y destaque los elementos que, a mi entender, supongan un cambio significativo en el sistema de integración paneuropeo. Estos elementos serían:
1) Leyes de distribución de poder y competencias administrativas entre el centro (Bruselas) y los distintos gobiernos nacionales.
2) Apoyo popular a las iniciativas integracionistas.
3) Efectos y retroalimentación de las medidas socioeconómicas que han interconectado efectivamente a dichas sociedades.

En cuanto al primer aspecto, podemos decir que se encuentra el núcleo efectivo de las dinámicas evolutivas de la unión misma. De cómo se diseñen estas reglas del juega dependerá en gran medida la evolución del proyecto integrador.

Hasta el momento se ha apreciado un aumento paulatino de la
concentración de poderes del centro y con ello un retroceso en las funciones y competencias de los gobiernos nacionales. Si evaluamos someramente los resultados de esto en los pocos años de existencia de la UE, saltan a la vista dos tipos fundamentales de contradicciones. Las primeras son la inherentes al proceso, es decir, la lucha entre lo viejo que se resiste a desaparecer (plena autonomía de los gobiernos nacionales) por parte de sectores a lo interno de cada nación y las nuevas fuerzas integracionistas que surgen, respaldadas por las élites gobernantes.

Las segundas son aquellas de índole más “técnico”, si se pudiera plantar así. Son aquellas contradicciones que reflejan el hecho de poner en práctica el modelo integracionista con todos sus mecanismos internos. Ello implica sopesar leyes y principios de la dialéctica social en virtud de alcanzar exitosamente una unión que se desarrolle por sí misma hasta que dé lugar a un verdadera macroestado, la unión política completa.

El segundo aspecto es tal vez el más descuidado de todos. Por lo general se suele asumir a los regímenes europeos como los más democráticos del mundo, y con ello se asienta la idea de que el proyecto integracionista es el resultado también de un amplio consenso social. Como muestra de ello los medios de comunicación
internacionales muestran ufanamente los referendos y votaciones populares para aprobar los tratados constitutivos, pero este es solo el final del proceso, nunca se refieren a las propuestas, los debates, las confrontaciones entre tendencias y el espíritu general de las sociedades europeas. El verdadero proyecto integracionista está en manos de las élites gobernantes y sus intereses económicos
transnacionales. El motivo de la unión es servir de escudo a estas élites ante el empuje de los EE.UU. y otras potencias, a fin de resguardar sus intereses de clase. Y si para ello hace falta pasarle por encima a los intereses nacionales (entiéndase de sus respectivas sociedades), las tradiciones étnicas y la propia historia, pues eso es lo que harán. Esto recuerda con ironía el propio miedo que desde hace dos siglos estas mismas élites infundían a la población el mito de los comunistas apátridas, quienes prometían destruir los Estados-nación. Ahora son ellos mismos quienes lo hacen y nada dice nada sobre ello.

El tercer aspecto vendría a ser el cierre analítico de los dos primeros anteriores. Es quien verdaderamente lleva nuestro análisis a una mirada global del devenir de este modelo de integración y su posible destino. Entender cómo repercuten cada una de las medidas tomadas en los mecanismos de gobernanza nacionales y los efectos a corto, mediano y largo plazo en el desarrollo de estas sociedades, nos permite hacer un balance sobre el éxito o no del proyecto, de sus principales retos y dificultades, así como las perspectivas de avanzar en su programa inicial.

Las recientes crisis económicas y migratorias desatadas en el viejo continente nos permiten tomar el pulso de los hechos. Ha quedado bien claro que la propia unión está dividida entre los ricos del norte y los pobres del sur, los de arriba viven mejor y los de abajo deben adoptar medidas neoliberales contra sus propias sociedades. Los efectos de la política exterior del bloque ha sufrido un efecto bumerang, el cual amenaza hoy con hacerla implosionar a base de las contradicciones cada vez más fuertes en el cómo resolver este asunto, por una parte, y los atentados terroristas y la insatisfacción creciente de los habitantes originarios.

A grandes rasgos estos son los aspectos que, desde una mirada transversal nos podrían dar las pistas para analizar el futuro de la UE. En lo inmediato me atrevo a decir que en lo inmediato es casi imposible que desaparezca, pero sin dudas el estrés al que se está viendo sometida la obligará a tomar medidas cruciales para su propia salvación, lo cual impactará en las bases mismas de su fundación. En el largo plazo todo sería posible.

Andrey V. R. / 01.04.2016

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