Uno de los símbolos arquitectónicos más emblemáticos de la ciudad de Kazán es la torre inclinada de Siuyumbiké. Entre las leyendas que la rodean la más extendida es la de la reina tártara Siuyumbiké, a quien debe su nombre.

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Hacia el año 1552 las tropas del zar ruso Iván el Terrible asediaban el kanato tártaro de Kazán, el reducto de la Horda de Oro que por tanto tiempo sometiera a los principados rusos.

La victoria fue para los eslavos, quienes sometieron a la ciudad, destruyéndola en buena medida.

Iván, a sabiendas de la belleza de la reina, pidió su mano en matrimonio. Ella, ante el dolor por la muerte de su amado rey y la imposibilidad de huir, le puso como condición al zar que construyera en siete días una torre de siete niveles. Si lo hacía a tiempo ella accedería a casarse con él.

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Ladrillo sobre ladrillo fue erigida la torre al interior del kremlin, la fortaleza que resguardaba el palacio real. Desde su cima la reina Siuyumbiké pudo contemplar los escombros en que el conquistador había dejado su amada ciudad. Ella, como consuelo para sí y venganza para con el zar, se lanzó del último piso en busca de la muerte.

A día de hoy la torre sigue en pie. Ella representa a la ciudad y es símbolo de la resistencia tártara, su historia y cultura. Por su parte, la reina Siuyumbiké sigue siendo ejemplo de belleza y amor para los habitantes de esta república autónoma.

Andrey VR