Cuando leemos, cuando leemos de verdad, siempre terminamos preguntándonos por qué leemos y qué tipos de cosas leemos, e incluso, qué vale la pena leer. Tal vez de ahí surgieron los llamados “especialistas” y los “críticos literarios”.

Lo que nació como una necesidad comunicativa y expresiva y luego se entendió como un arte dio a luz a otros que, además de leer, nos dicen qué leer, cómo leer y nos hablan de tipos de literatura (de la que es mala y de la que es buena), de tipos de escritores y otras tantas clasificaciones que rellenan muy bien los programas de estudio en escuelas e institutos.

A mí, en lo particular, algunas personas como esas me han ayudado a crecer como lector y como persona. He tenido la suerte de contar con profesores y amigos a los que considero “buenos lectores” y que me han hecho repensar lo que leo, cómo lo leo e incluso han influido en mis gustos.

Pero cuando pienso en esas personas, las recuerdo como seres de una inteligencia y virtudes especiales. Son de esos seres que no abundan, porque si abundasen, el mundo sería otro.

Sin embargo, cuando volteo el rostro y recuerdo a esos tantos otros que hablaban sin parar de literatura, pero que lo hacían con la cabeza y el corazón bien fríos. Entonces se me eriza la piel de espanto.

Por cada buen consejero que tuve, puedo contar veinte de aquellos con que me tropecé y solían hablar más del “deber ser” de lo que pudieron aportar verdaderamente.

Estoy seguro que con esto que les digo ya han podido identificar bien de los dos tipos de personas opuestas de las que les hablo. También estoy seguro que ustedes se las han tropezado en sus vidas.

Lamentablemente, tal y como sucede con todo en la vida, no siempre es fácil determinar quién es uno y quién es el otro. Y aquí es donde comienzan los problemas.

Entonces, nos encontramos todos aquí en este océano de oportunidades que nos brinda la llamada “sociedad del conocimiento” y las TICs, y tenemos la oportunidad de ver con más frecuencia e intercambiar con aquellos que como nosotros leen y con aquellos que hablan de lo que se debería leer, nuestros amigos “los especialistas”.

Para hablar de la calidad de estos últimos creo que necesitaríamos otro día para reunirnos y debatir este tema. De momento me quiero centrar en lo más tóxico y agresivo de los contenidos de estos supuestos expertos, opinadores, influencers y booktuberes.

Hoy quiero centrarme en lo que he dado en llamar bullying literario. No me refiero a la literatura que habla sobre el “bullying”, sino a las personas que utilizan sus opiniones y posturas respecto a la literatura contra aquellas con quienes no coinciden en gustos o puntos de vista.

Esta práctica, típica de aquellos que han hecho de la literatura un negocio y no viven la lectura con pasión, sino como una moda más, infectan ruidosa o silenciosamente, los espacios de intercambio sobre literatura.

He visto muchos videos lamentables en que se critica y degrada sistemáticamente a uno o varios géneros literarios, a autores y a aquellos que suelen leerles. Lo peor del caso es que no hablo solo de booktuberes amateurs, sino de supuestos catedráticos. Personas que utilizan su posición de poder para maltratar (académicamente hablando) a aquellos otros que no piensan igual.

Entonces vemos cómo se promueve el odio y el acoso (el bullying) contra géneros y estilos literarios, autores o libros en particular. Que si la literatura juvenil es porquería, que si la fan fantasy es de tontos y etc.

¿Por qué? ¿Quién se considera a sí mismo dios de la literatura para dictar un “deber ser absolutista”? Toda crítica debe basarse en experiencias constructivas y sin ofender ni lastimar a aquellos que (a lo mejor por primera vez) se han acercado a la literatura de un modo diferente. Entonces todos aquellos que con tanto esfuerzo en sus booktubes o clubes de literatura han hecho maravillas para que muchas más personas lean, se sienten lastimados, despreciados o desmotivados por su trabajo.

Aquí me detengo con dos ideas principales:

La primera es la relacionada con la ética profesional, ya sea académica o periodística. Este es un terreno muy delicado por el cual a día de hoy, sin filtros y a micrófono abierto, se ha transformado en un salón de baile tras una borrachera. Yo creo que incluso, para varios de quienes me estén siguiendo ahora, habrán escuchado el término por primera vez.

La segunda idea tiene que ver con la literatura y la lectura como artes. Ambas han nacido como producto natural del desarrollo cultural, han crecido, se han sistematizado y profesionalizado con el pasar de los años. Sin embargo, cada vez que se les ha tratado como ciencia o como dogma, han fracasado.

Tanto escribir como leer encierran en su esencia un algo tan misterioso como la vida misma, esa que todavía hoy no acabamos de entender y explicar a plenitud. Por eso, cuando un alguien desconocido nos dice lo que debe ser y cómo debe ser, es natural que aparezcan las sospechas.

A los que empiezan a escribir o a leer los invito a tener cuidado en lo que escuchan y de quien lo escuchan. Duden de todo y de todos. No se dejen intimidar por esos acosadores literarios o aquellos que intentan imponerles un punto de vista. Vivan con pasión sus experiencias literarias y aprendan a desarrollarse en la lectura y la escritura al pie de voces gentiles y de inteligencia noble.

Si estás empezando a leer, pues comienza por donde más cómodo te sea. Te aplaudiremos por ser valiente y empezar este largo camino. Si por el contrario, ya eres todo un veterano, no acoses a los demás con tus puntos de vistas. Compartir y debatir significa ser humilde y escuchar con respeto a los demás. El mundo de la literatura está aún por ser descubierto. En este aún joven comienzo de la historia humana, queda mucho por explorar. ¡Hagámoslo juntos!

Andrey Viarens