En el camino de comprender nuestra esencia, en el intento por descubrir quiénes somos y qué queremos ser, solemos encontrarnos con nuestros nombres. Sobre estas ideas he tenido conocimientos desde la infancia, cuando las fuerzas se despiertan para buscarse a sí mismas.

¿Por qué un nombre? ¿Por qué los humanos han sentido la necesidad de llevarlos consigo durante la vida de la historia? De seguro obtendremos tantas respuestas como pueblos han existido.

Yo, es decir, mi yo de la infancia, sintió una comprensión de esta idea que se mantiene hasta el día de hoy: el nombre debe ser el nombre de la esencia, y solo lo obtendremos cuando estemos dispuestos a asumirla a ella.

Este nombre del que les hablo es del todo distinto al nombre que solemos darle a las cosas de manera arbitraria y al nombre que nos dan nuestros padres al nacer. Ambos responden a un acto preponderantemente comunicativo. El nombre que recibimos de nuestros padres es el vínculo que tenemos con ellos y solo por eso debemos amarlo y respetarlo. Sin embargo, difícilmente sea el nombre de nuestra esencia.

Cuando hablo de esencia me refiero a la respuesta que vamos obteniendo a lo largo de la vida cuando nos preguntamos quiénes somos, cómo somos, adónde vamos. Y esta respuesta nos suele entregar un impulso ante la vida, una motivación para apropiarnos de ella y darle un sentido. Así, la esencia es la pregunta y la respuesta que sepamos darnos en ese sustrato común bajo nuestros cambiantes días.

De pequeño, en el albor de estas reflexiones que aquí comparto, comencé a experimentar y dejarme llevar por la corriente del río que es la vida. No precondicioné ideas, pero sí experimenté en la práctica y en la mente todo lo que pude.

Y en este juego de ejercicio y mente durante la infancia y la adolescencia encontré muchas cosas y muchas ideas que resultaron ser cercanas a mí. Fue entonces que descubrí el amor por muchas de ellas y estuve dispuesto a no abandonarlas nunca. Me casé con algunas, y como es natural, me divorcié de otras.

En este camino, que puede ser escrito en varios libros, llegué un día a La Síntesis. No fue una revelación, una iluminación o un descubrimiento nuevo. Fue la integración creadora de todo lo vivido y pensado anteriormente.

Así, en medio de ese huracán maravilloso, un día alcé la mirada de entre mis papeles y mi esencia fue Andrey. Ocurrió esto en un año sabático, un período entre finales de 2007 e inicios de 2009, llegando a ser el 2008 el año pleno de esa síntesis. Contaba yo con 18 años de mi nacimiento.

Desde entonces, habiéndose consolidado en mí una voluntad y un entendimiento de mí mismo, pude respirar de una forma distinta, dejando atrás definitivamente el asma que me explotaba.

Lo que vino después es la historia que de a poco les voy contando en mi proyecto Bajo La Estrella, un viaje de literatura, filosofía, política y otras disciplinas. Es entre estas páginas donde se responde por qué “Andrey”, qué significa, qué implica, adónde lleva. Los invito a leer.

Durante estos años todos mis esfuerzos y los motivos de cada una de mis acciones han estado han estado condicionados por este trabajo nacido e impulsado en 2008.

Hoy, quienes están al tanto de estas ideas me hace muchas preguntas al respecto, desde cómo llamarme hasta cómo encontrar su propio nombre. Mi respuesta es siempre la misma: depende de ellos.

El nombre de la esencia puede entenderse como íntimo y no necesariamente como sustituto o complemento del nombre dado por los padres. En mi caso, las fronteras de esta intimidad irán condicionadas por el alcance que logren mis escritos públicos, en tanto he decidido firmarlos  bajo la rúbrica de Andrey. Y esto no es casual. El contenido de la obra misma así lo requiere.

Vale aclarar que, todo lo que acompañe a este nombre, términos como “Viarens”, “VR”, “Pilotov” y otros tantos, solo responden a dinámicas y estrategias comunicativas que se ajustan al modo de funcionar de las redes sociales, tanto en sus ámbitos físicos como virtuales.

Llegados a este punto del texto puede que tengan más preguntas. Siéntanse en la libertad de hacerlas. Yo solo he intentado redactar una pequeña carta que resuma mis ideas detrás del nombre. Estoy convencido de que tendré que escribir y decir más.

Andrey Viarens