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Bajo La Estrella

Blog de Andrey VR

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Nuestra Era

Análisis y comentarios sobre temas de actualidad internacional.

Europa y el boomerang de la historia

Abordar los retos que imponen los llamados problemas globales contemporáneos, tanto desde una perspectiva reflexiva como la búsqueda de soluciones prácticas, se hace necesario preguntarse qué los provocó. Justamente el tipo de respuesta que obtengamos determinará el modo en que interactuemos con ellos.
Si lo hacemos desde una perspectiva tercermundista, desde los escenarios más perjudicados u vulnerables, el enfoque irá por la demanda a aquellos que, desde los países altamente industrializados, puedan identificarse como causas inmediatas. Si se hace desde el otro lado, pues entonces el trato será del todo distinto. Y es esto lo que le sucede a la vieja Europa.
Cuando escuchamos hablar desde el continente europeo, ya sean los grandes medios de comunicación masiva o los portavoces oficiales de los gobiernos, acerca de los problemas globales y sus impactos en su propio territorio, es evidente que las cúpulas de poder no involucren a sus amigos los grandes capitalistas, hablen del colonialismo que impusieron (e imponen) a otras regiones del mundo, sus grandes industrias o el involucramiento en los asuntos internos de otros estados.
El trasfondo sistémico de problemas que afecta al mundo entero como, el cambio climático, el terrorismo, las crisis migratorias y la guerra, pocas veces se señala como el origen de todos los males. Por lo general los análisis se detienen en los escenarios micro y aislados de todo contexto o relación con el tipo de sociedad en que viven, las leyes que las normas y el modo de reproducción de la vida misma. En el caso europeo, por otra parte, el factor histórico está latente en todo momento. El carácter imperial que ostentaron muchas de sus naciones en el pasado se revierten en los acontecimientos cotidianos y los más dramáticos que vive hoy este subcontinente.
Con el triunfo definitivo del capitalismo como formación
económico-social y la consolidación de la hegemonía de la civilización Occidental se inauguró para la especie humana la era de la locura desarrollista y progresista. Si bien podemos encontrar los gérmenes de este modo de reproducción de la vida humana en el feudalismo y el esclavismo, sin dudas es con el capitalismo que la dinámica entre la relación hombre-naturaleza entra en un ciclo peligroso para la supervivencia.
Europa se volvió la locomotora del mundo y afectó de un modo u otro con sus patrones civilizatorios a los demás núcleo humanos del planeta. El capitalismo nació a base de pólvora y cañón para las tierras más allá del mar mediterráneo. Así, después de tanto saqueo y robo. Hoy ellos se presentan ante todos como los paradigmas del éxito y el ejemplo digno de imitar. Afortunadamente, el tercer mundo no tiene u otro tercer al cual explotar.
Sin embargo, en este mundo de dos, de los que tienen y los que no, los últimos han decidido ir a casa de los primeros en busca de confort y todo aquello que las potencias le muestran con sus vitrinas de la industria cultural. En un principio estuvo bien, porque los europeos necesitaban de mano de obra barata para explotar, pero la ola de inmigrantes se ha vuelto gigantesca e incontenible.
A su vez, entre los ciudadanos europeos aumenta el miedo ante los ataques terroristas que estremecen a grandes urbes como París, Madrid, Londres o Bruselas. Este odio ha engendrado más odio y fuerzas xenófobas, racistas y fascistas cobran auge y hasta ganan elecciones en países donde hace poco el fascismo hizo estragos.
El juego que los europeos le han seguido a EE.UU. con la OTAN, invadiendo y derrocando gobiernos en países del Medio Oriente, le ha resultado más costoso a ellos que a sus promotores yanquis.
Aun así nadie habla de la historia. Todos parecen olvidar cuál fue el origen de todos estos males. Los gobiernos no hablan del pasado colonial ni del presente capitalismo imperial, sino le dice a sus ciudadanos que todos son víctimas inocentes, y la solidaridad mundial se hace eco de los poco muertos en París y no de los miles de civiles sirios o iraquíes que mueren cada año.
Pero el boomerang de la historia parece dirigirse de forma
incontenible contra la mano que una vez lo lanzó. Hoy los nietos sufren los pecados de sus abuelos, y nadie parece advertirlo. Y mientras se siga ocultando que es el capitalismo y la filosofía del hegemón lo que ha causado todos estos problemas que ya afectan al mundo entero, la esperanza de sobrevivir será cada vez menor para nuestra especie y el planeta.

Andrey V. R. / 23 de mayo de 2016

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El proceso de integración latinoamericano

El subcontinente latinoamericano cuenta desde el temprano siglo XX con varios modelos de integración. Sin embargo, solo a comienzos de este siglo XXI cuando se produce un boom de proyectos integracionistas, impulsados en su mayoría por los gobiernos progresistas de izquierda que tomaron el poder paulatinamente en este mismo período. Sus líderes le han dado un carácter refundador, soberanista y contrahegemónico, haciendo énfasis en el aspecto social.

Sin duda alguna, ninguno de estos proyectos podría haberte tenido lugar en la era de las dictaduras militaristas del cono sur
latinoamericano, ni con los gobiernos plenamente adheridos al Consenso de Washington. El carácter panamericanista de la OEA y las alianzas exclusivamente económicas nunca dieron, o darán, a la región la integralidad económico-político-social que demanda una verdadera integración, más allá incluso de su vocación izquierdista.

Hoy, la UNASUR, el ALBA, Petrosur, Mercosur, la CELAC, y la amplia red de proyectos estatales y no-gubernamentales de movimientos sociales, constituyen el verdadero espíritu que, a lo interno de la fronteras latinoamericanas, promueve modelos de integración capaces de articular en un sentido común la solución de necesidades y trabajo en conjunto de los intereses estratégicos de todas las naciones que lo componen, unidas por una historia común, una lengua común y retos comunes.

Son muchos los que habla de una patria que va desde el Río Bravo hasta la Patagonia, y es natural, porque la identidad latinoamericana es de tal fuerza que la inmensa mayoría de sus pueblos se ven a sí mismo como integrantes de un territorio común. Bajo estas mismas ideas, y mirando las experiencias en otras regiones del mundo, tiene sentido pensar en un potencial éxito ante las iniciativas de integración regional.
Sin embargo, los retos son muchos y las deudas del subdesarrollo hacen mucho más lento y complejo cualquier proyecto que se desee ejecutar. Claro, los hechos han demostrado que ante todo el éxito se debe a la voluntad política. En apenas dos décadas se ha hecho más por la integración en América Latina que en el último siglo, obteniendo resultados alentadores, sobre todo en el orden social.

La prédica de los gobiernos de izquierda que han liderado estos nuevos mecanismos se basa justamente en explotar las capacidades con que cuentan y basar el trabajo en función de las necesidades reales que asisten a sus respectivas poblaciones, teniendo en cuenta la importancia de no desligar la parte económica (economicismo) de la social y hasta la cultural. Y es justamente esto último una de las grandes amenazas a las que se enfrentan.

La herencia y vigencia del capitalismo neoliberal en la casi totalidad de las naciones latinoamericanas hacen de estas sociedades sistemas construidos en función de mecanismos económicos e intereses de las clases políticas que distan de resolver las necesidades de las amplias masas de población, sumidas en la pobreza, el analfabetismo y el atraso en general. De ahí que todo intento por reorientar los proyectos económicos en fines sociales choque con la resistencia de estas clases sociales que solo se piensan a sí mismas.

Por otra parte, los intereses de los capitales transnacionales y la arquitectura económica imperial del capitalismo incide directamente en cada intento de estos modelos de integración por ponerse al servicio de sus pueblos, en detrimento de los intereses del gran capital.

Así, una de las grandes vulnerabilidades con que cuentan estos mecanismo de integración, es el de perder el apoyo (por su salida del gobierno tras perder en las urnas) de los líderes progresistas. El retorno de gobiernos de derecha hace disminuir el impulso con que nacieron estas iniciativas y que las reorienten a fines estrictamente economicistas en función de los intereses de las clases en el poder.

El gran reto de América Latina, más allá de estar más a la izquierda o la derecha, se basa fundamentalmente en comprender la importancia de la soberanía regional y el fomento de la integración en todas sus esferas, como la mejor vía para salir del subdesarrollo y encarar los retos globales que los de afuera le imponen.

Andrey V. R.

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Tras los destinos de la Unión Europea

Como todo mecanismo de integración, la Unión Europea (UE) está sometida a determinados riesgos, propios de la esencia del conjunto al que se adhieren los países que la integran. Sincronizar sistemas políticos, económicos y culturales de gran diversidad en uno solo, cediendo a su vez la soberanía al centro, implica que las dinámicas sociales, tanto de las élites como el resto de la sociedad, se sometan a cambios que puede llevar mucho más del tiempo previsto para que tengan éxito.

Pese a los logros obtenidos por la UE en su experiencia
integracionista en tan poco tiempo (un par de décadas es ínfimo para lograr una verdadera unión entre países tan diversos) la Unión Europea está afrontando en estos momentos el límite de esos logros y comienza a enfrenta verdaderamente con el auténtico reto que implica lo auto-reproducción del sistema de integración y su crecimiento sostenido.

Para analizar detenidamente esta experiencia no podemos enumerar por separado los factores políticos, económicos y sociales que pudieran dar (o no) al traste con la propia existencia de la Unión, sino que debemos hacerlo desde una perspectiva holista que tome en cuenta la interrelación de todos ellos y su repercusión de modo integral.

Por ello propongo una mirada que transversalice estos factores y destaque los elementos que, a mi entender, supongan un cambio significativo en el sistema de integración paneuropeo. Estos elementos serían:
1) Leyes de distribución de poder y competencias administrativas entre el centro (Bruselas) y los distintos gobiernos nacionales.
2) Apoyo popular a las iniciativas integracionistas.
3) Efectos y retroalimentación de las medidas socioeconómicas que han interconectado efectivamente a dichas sociedades.

En cuanto al primer aspecto, podemos decir que se encuentra el núcleo efectivo de las dinámicas evolutivas de la unión misma. De cómo se diseñen estas reglas del juega dependerá en gran medida la evolución del proyecto integrador.

Hasta el momento se ha apreciado un aumento paulatino de la
concentración de poderes del centro y con ello un retroceso en las funciones y competencias de los gobiernos nacionales. Si evaluamos someramente los resultados de esto en los pocos años de existencia de la UE, saltan a la vista dos tipos fundamentales de contradicciones. Las primeras son la inherentes al proceso, es decir, la lucha entre lo viejo que se resiste a desaparecer (plena autonomía de los gobiernos nacionales) por parte de sectores a lo interno de cada nación y las nuevas fuerzas integracionistas que surgen, respaldadas por las élites gobernantes.

Las segundas son aquellas de índole más “técnico”, si se pudiera plantar así. Son aquellas contradicciones que reflejan el hecho de poner en práctica el modelo integracionista con todos sus mecanismos internos. Ello implica sopesar leyes y principios de la dialéctica social en virtud de alcanzar exitosamente una unión que se desarrolle por sí misma hasta que dé lugar a un verdadera macroestado, la unión política completa.

El segundo aspecto es tal vez el más descuidado de todos. Por lo general se suele asumir a los regímenes europeos como los más democráticos del mundo, y con ello se asienta la idea de que el proyecto integracionista es el resultado también de un amplio consenso social. Como muestra de ello los medios de comunicación
internacionales muestran ufanamente los referendos y votaciones populares para aprobar los tratados constitutivos, pero este es solo el final del proceso, nunca se refieren a las propuestas, los debates, las confrontaciones entre tendencias y el espíritu general de las sociedades europeas. El verdadero proyecto integracionista está en manos de las élites gobernantes y sus intereses económicos
transnacionales. El motivo de la unión es servir de escudo a estas élites ante el empuje de los EE.UU. y otras potencias, a fin de resguardar sus intereses de clase. Y si para ello hace falta pasarle por encima a los intereses nacionales (entiéndase de sus respectivas sociedades), las tradiciones étnicas y la propia historia, pues eso es lo que harán. Esto recuerda con ironía el propio miedo que desde hace dos siglos estas mismas élites infundían a la población el mito de los comunistas apátridas, quienes prometían destruir los Estados-nación. Ahora son ellos mismos quienes lo hacen y nada dice nada sobre ello.

El tercer aspecto vendría a ser el cierre analítico de los dos primeros anteriores. Es quien verdaderamente lleva nuestro análisis a una mirada global del devenir de este modelo de integración y su posible destino. Entender cómo repercuten cada una de las medidas tomadas en los mecanismos de gobernanza nacionales y los efectos a corto, mediano y largo plazo en el desarrollo de estas sociedades, nos permite hacer un balance sobre el éxito o no del proyecto, de sus principales retos y dificultades, así como las perspectivas de avanzar en su programa inicial.

Las recientes crisis económicas y migratorias desatadas en el viejo continente nos permiten tomar el pulso de los hechos. Ha quedado bien claro que la propia unión está dividida entre los ricos del norte y los pobres del sur, los de arriba viven mejor y los de abajo deben adoptar medidas neoliberales contra sus propias sociedades. Los efectos de la política exterior del bloque ha sufrido un efecto bumerang, el cual amenaza hoy con hacerla implosionar a base de las contradicciones cada vez más fuertes en el cómo resolver este asunto, por una parte, y los atentados terroristas y la insatisfacción creciente de los habitantes originarios.

A grandes rasgos estos son los aspectos que, desde una mirada transversal nos podrían dar las pistas para analizar el futuro de la UE. En lo inmediato me atrevo a decir que en lo inmediato es casi imposible que desaparezca, pero sin dudas el estrés al que se está viendo sometida la obligará a tomar medidas cruciales para su propia salvación, lo cual impactará en las bases mismas de su fundación. En el largo plazo todo sería posible.

Andrey V. R. / 01.04.2016

El trasfondo de la crisis griega

A la hora de analizar las causas de una crisis, de la índole que esta sea, siempre tenemos que alertarnos a nosotros mismos del origen de la información que procesamos y del contexto en que se producen. En el caso de Grecia esto se traduce en que los grandes medios
transnacionales nos presentan a la crisis de deuda de ese país como un fenómeno desconectado de lo que sucede en el resto de Europa y la crisis general del sistema que se desató con fuerza en el año 2008.

Si nos guiamos por esta prensa o literatura académica especializada podemos parcializarnos con un análisis tecnocrático o politizado, que solo habla del origen de la crisis en Grecia por las
irresponsabilidades y errores históricos que los gobernantes de ese país han cometido, queriendo vivir por encima de las posibilidades que les brindan sus producciones reales.

Hablan del tradicional e histórico comportamiento de la Grecia moderna en incumplir sus responsabilidades como socio deudor desde la obtención su independencia del imperio Otomano, y su paulatina incorporación a los mercados y mecanismos de integración de la Europa occidental de posguerra.

Las plantillas de empleo súper-infladas, el pago de pensiones y salarios injustificados, la ineficiencias en el sector productivo con salarios mucho mayores que la media europea, un desmedido gasto en el sector militar, el vaivén de los sucesivos gobiernos con carencia de cultura institucional, las desproporciones y el populismo en las políticas macroeconómicas de las administraciones de las últimas décadas, así como la irracionalidad en la correspondencia entre desarrollo real y expectativa de vida, son algunas de las claves económico-culturales que más repiten sobre el modus operandi de la economía doméstica griega.

Con esto solo estaríamos repitiendo las críticas que llegan desde Alemania, en las que culpan a los sucesivos gobiernos griegos de corruptos, como justificación para que la Troika les imponga medidas extremas de ajuste interno, y así evitar que ellos terminen condonando la deuda, pues así estarían creando un precedente para los demás países de la Unión Europea, quienes comenzarían a gastar
irresponsablemente y luego irían hasta Berlín para pedir un rescate.

Cierto es que en el año 2001, con la ayuda del banco Goldman Sach y otros actores europeos, quienes presionaron para que Grecia fuera admitida (incluso aludiendo a motivos “históricos”), el país heleno entró en la Zona Económica de la Unión Europea (UE) e hizo sustituir al dracma por el euro. El partido conservador, gobernante en aquel entonces, aseguraba que el déficit griego era del 3,7 %. Luego, con el gobierno de Papandreuse demostró que el déficit real era del 12,7 %, una cifra alarmante y que de ser pública habría invalidado la inclusión en la moneda común.

Así, y con la acumulación de mentiras, desproporciones en el gasto público, irresponsabilidad en las sucesivas administraciones y ninguna coherencia entre las medidas adoptadas por los últimos mandatarios, no es casual que la Grecia de la crisis “iniciada” en 2010 ascendiera a 340 mil millones de euros.

Sin embargo, esto es solo la superficie del problema, para saber verdaderamente el origen de la crisis de deuda griega debemos analizar la naturaleza del sistema capitalista, el cual se reproduce así mismo a través de la crisis, y en especial su última versión: el modelo neoliberal, el cual se aplica con mucha fuerza en el continente europeo.

Entendido esto veremos que no se trata entonces de “la crisis de deuda griega”, sino de la crisis del sistema. Atenas es solo el eslabón más débil de esta cadena, y por tanto, el que sufre las mayores
consecuencias. Así, los medios se concentran en Grecia, pero no toman distancia para abordar el panorama completo.

Con la llegada de Alexis Tsipras al cargo de primer ministro todo parecía indicar que existiría un enfrentamiento a la troika neoliberal a partir de un genuino plan de desarrollo nacional, que tomara a la estrategia financiera como un complemento y no como el soporte total para solucionar el conflicto. Lamentablemente todos sabemos lo que ocurrió.

Pese a la negativa popular, expresada en el referendo de 2015, el gobierno heleno aceptó el tercer plan de rescate con las consecuentes medidas de ajuste neoliberal. Ello se traduce en responder a la crisis de deuda con las típicas fórmulas del más salvaje neoliberalismo, desconociendo la integralidad que requiere un proyecto de solución que saque a este país del colapso en que ha caído.

Como parte de este debate se especuló acerca de la pertinencia de que Grecia continuara o no en el euro. Si ya vimos que esta economía se insertó en la zona del euro bajo condiciones fraudulentas y ajenas a los requerimientos reales, no es de extrañar que existan muchos partidarios a favor de un Grexit, como medida sine qua non para que este país se recupere de la crisis. Sin embargo, el grado de inserción en el esquema europeo es tan fuerte que, una salida brusca tal vez pudiera ser peor.

A pesar de todas estas especulaciones, de lo que podamos creer, más allá de las ininteligibles cifras que se hacen públicas, lo que sí debe quedar claro es que todo proyecto de integración debe contar con el respaldo popular correspondiente y con un análisis sopesado y realista de la condiciones con que cuentan para poder realizar algo que de beneficios y no pérdidas.

La situación se encuentra estancada, detenida, con una pausa momentánea ante el drama de los últimos años. Ello justamente quiere decir que no se ha ofrecido una solución real al problema, sino que se respondió con las mismas recetas financieras y ajustes fiscales que solo crean malestar en la población y deterioro a largo y mediano plazo en el nivel de vida de los griegos. La crisis griega es aún una bomba de tiempo que puede estallar con consecuencias mayores a las que se han visto hasta este momento.

Naturalmente, para poder ofrecer una solución real, responsable y comprometida con la población, y en detrimento de los intereses de los grandes capitales internacionales, es necesario contar, ante todo, con voluntad política. El pueblo griego reclama líderes honestos, comprometidos y capaces. La experiencia de SYRIZA y Alexis Tsipras nos da el ejemplo de que el populismo y la demagogia son solo réplicas del pasado irresponsable. Es muy fácil gritar ante multitudes enaltecidas, pero se necesita valor y determinación para hacer valer lo que se promete. ¿Podrán tener algo así los griegos?

Dentro del espectro político de Grecia tal vez solo el KKE (partido comunista) es el que cuenta con una plataforma que ataca la raíz del problema y mantiene una postura ética y consecuente con sus
principios. Sin embargo, esta formación política está estancada, fosilizada y va perdiendo empuje entre las nuevas generaciones. El resto de los partidos, si de izquierdas y centro-izquierdas hablamos, no ofrecen posturas contundentes. ¿Un nuevo líder? Eso se lo dejaremos a la historia.

Solo cabe destacar por el momento que no se avizora un panorama distinto al que vemos por estos días. Es cuestión de esperar que la situación empeore de nuevo y que se produzca una reactivación del panorama de crisis.

Las implicaciones que esto puede tener para el proyecto europeo son variadas. Claro, ahora con la crisis de los inmigrantes de África y el Medio Oriente un análisis debe comprender nuevas variables, de tal modo sería más complejo solo hacerlo desde la mirada de la crisis de deuda. No obstante, un recrudecimiento de la crisis en tierra griega dinamitaría el suelo económico europeo, y una posible salida de Atenas de la zona económica o la propia UE tendría además consecuencias políticas incalculables. De permanecer en las fronteras de la unión, Bruselas tendría que replantearse las reglas del juego, es decir, buscar otro mecanismo distinto para enfrentarse a la crisis y olvidar las clásicas recetas neoliberales. Ello implicaría modificaciones al modelo de integración económica, con posible impacto en el modelo de integración política.

Andrey V. R.

Publicado en: https://cubaxdentro.wordpress.com/2016/02/25/el-trasfondo-de-la-crisis-griega/

El Espíritu Romano

Nuestra Era
Con sorpresa fue anunciado el encuentro en Cuba de las dos cabezas de las iglesias más grandes del cristianismo. El Papa Francisco, de Roma, y el Patriarca Kiril, de Moscú, decidieron darse cita en la Isla de la Libertad para firmar una declaración conjunta.

http://www.news.va/es/news/la-unidad-se-hace-caminando-el-papa-y-el-patriarca En La Habana, bautizada por el pontífice romano como la Capital de la Unidad, se encontraron por vez primera, luego del Gran Cisma del año 1054, para terminar con el aislamiento y las rencillas que los dividiera hasta el día de hoy.

Con el ánimo de traer paz al mundo, según palabras del propio Fidel Castro

http://www.cubadebate.cu/especiales/2016/02/15/articulo-de-fidel-luchar-por-la-paz-es-el-deber-mas-sagrado-de-todos-los-seres-humanos/

estos dos monarcas han decidido ponerse de acuerdo para luchar contra los males que aquejan a la humanidad y apartan a sus respectivos “rebaños” de los caminos del “Señor”. Claro, cuando nos acercamos detenidamente a los puntos de esta declaración conjunta encontramos un trasfondo inquietante y hasta hostil para muchos sectores de la sociedad mundial que, precisamente defienden un presente y un futuro distinto al que estos monarcas eclesiásticos desean.

Pese a que esta es solo una declaración pastoral, y no política o social, trae consigo elementos que avizoran un trabajo político mancomunando entre ambos Estados a fin de defender sus intereses.

¿Por qué Cuba?

Desde los años 90 el siglo pasado La Habana ha relanzado su relación con las religiones, eliminando el estatus de “Estado ateo” y permitiendo una total libertad en estos asuntos tanto al interior del Estado como del Partido Comunista. Ambas iglesias se han visto beneficiadas por estos hechos. Cabe añadir también que La Habana es el mejor aliado histórico que Moscú tiene en América, continente este que destaca en cantidad de feligreses católicos. Así que bastó la “coincidencia” del viaje pastoral del patriarca Kiril a Cuba y el de Francisco a México para que ambos se encontraran en “en la encrucijada entre el Norte y el Sur, el Este y el Oeste. Desde esta isla, un símbolo de esperanza del Nuevo Mundo y de los dramáticos
acontecimientos de la historia del siglo XX”, tal y como lo dice la Declaración Conjunta.

A Raúl Castro esto parece asentarle bien, en tanto refuerza su campaña por presentar a Cuba como un país de concordia y solución de conflictos, bañándose con un halo de nueva neutralidad que coquetea con despedirse del internacionalismo proletario y abrazar
“cautelosamente” las dinámicas del capitalismo internacional. “Y ahora queda lo de Colombia”, dijo Raúl en la loza del aeropuerto cuando despidió a Francisco. Efectivamente, una culminación exitosa de los procesos de paz colombiano se traduciría también como un beneficio añadido a la Isla.

Desglose por puntos

Una parte del punto 7 de la Declaración expresa: “La civilización humana ha entrado en un período de cambios epocales. La conciencia cristiana y la responsabilidad pastoral no nos permiten que
permanezcamos indiferentes ante los desafíos que requieren una respuesta conjunta”. Con ello expresan literalmente que, o se reforman o perecerán para siempre. Nótese el hecho de que las iglesias ortodoxas, luego de un siglo de intentos, acordaron por fin realizar un Concilio para junio de este año.

En el punto 8 dicen que “Nuestra atención está dirigida principalmente hacia aquellas regiones del mundo donde los cristianos están sometidos a persecución. En muchos países de Oriente Medio y África del Norte, se exterminan familias completas de nuestros hermanos y hermanas en Cristo, pueblos y ciudades enteros habitados por ellos. Sus templos están sometidos a la destrucción bárbara y a los saqueos, los santuarios – a la profanación, los monumentos – a la demolición”. ¿Qué harán efectivamente para enfrentar estos desafíos? Durante los años 90 y 2000 tanto Papas como Patriarcas han bendecido las incursiones militares de USA, la OTAN y Rusia contra los terroristas en el Medio Oriente. ¿Declararán una guerra santa?

Más adelante, en el punto 13, “En esta época turbadora se necesita el diálogo interreligioso. Las diferencias en comprensión de las verdades religiosas no deben impedir que las personas de diversas religiones vivan en paz y armonía. En las circunstancias actuales, los líderes religiosos tienen una responsabilidad especial por la educación de su rebaño en el espíritu de respeto por las creencias de aquellos que pertenecen a otras tradiciones religiosas”. O sea, que si bien las iglesias han experimentado un retroceso en sus respectivas influencias sobre las sociedades eso es algo que quieren cambiar de inmediato. Roma y Moscú añoran los años en que tomaban parte activa en las decisiones de sus respectivos Estados y sociedades. ¿Volveremos al medioevo? Tal vez hoy sería peor. Una vuelta al totalitarismo eclesiástico solo destruiría todas las libertades y desrepresiones espirituales que la humanidad ha alcanzado en las últimas décadas, y peor aún, cuando usen como excusa el odio contra los terroristas y las sociedades con costumbres distintas a las de ellos.

Punto 14: “Atestiguando el alto valor de la libertad religiosa, damos gracias a Dios por el renacimiento sin precedentes de la fe cristiana que ahora se lleva a cabo en Rusia y muchos países de Europa del Este, donde por décadas han gobernado regímenes ateos. Hoy en día, las cadenas del ateísmo militante cayeron, y en muchos lugares los cristianos son libres de profesar su fe. Durante un cuarto de siglo, aquí se erigieron decenas de miles de nuevos templos”. Claro no hablan del totalitarismo y el fanatismo religioso que se ha desatado en esas sociedades, donde el conservadurismo es tan fuerte que las ha alejado por mucho de sus homólogas de Europa Occidental.

Punto 17: “Nuestra atención está destinada a las personas que se encuentran en una situación desesperada, viven en la pobreza extrema en el momento en que la riqueza de la humanidad está creciendo”. ¿Con qué moral pueden hablar esos monarcas? Ellos viven rodeados de lujos y escándalos de corrupción. ¿Cómo pueden hablar de humildad cuando ellos mismos no la conocen ni practican? ¿A quiénes pretenden engañar?

En los puntos 18 y 19 se abordan tal vez los puntos más escandalosos y retrógrados. “La familia es el centro natural de la vida de un ser humano y de la sociedad. Estamos preocupados por la crisis de la familia en muchos países” (…) “La familia es fundada sobre el matrimonio que es un acto libre y fiel de amor entre un hombre y una mujer (…) Lamentamos que otras formas de convivencia se equiparan ahora con esta unión, y la visión de la paternidad y la maternidad como de especial vocación del hombre y de la mujer en el matrimonio, santificada por la tradición bíblica, se expulsa de la conciencia pública”.

El amor es solo lo que dicen estos hombres, la unión sentimental entre los seres humanos es solo lo que una tradición muy específica de los últimos 2 mil años dice que es. Adiós a la reflexión. Adiós a las libertades intelectuales y espirituales alcanzadas a base de sangre y fuego en los últimos años.

Ellos, como he comentado en otras ocasiones, solo quieren que para acceder a Dios se pase primero por sus iglesias. Nos prohíben la libertad de llegar al Padre por gracia de nuestras propias almas. Ellos las quieren dominar, encerrar y manipular en virtud de sus egoístas intereses de clase.

De nuevo se levanta el espíritu imperial romano. El cristianismo de hoy, ese que recogió el Imperio Romano para utilizarlo en función de sus intereses, esa religión manipulada por los jerarcas de aquel entonces, pretende volver a los tiempos en que todos los Estados dependían de sus edictos. Hoy se unen las dos grandes iglesia de la cristiandad para iniciar un camino de unión y trabajo conjunto, como si las dos partes en que se dividió en la antigüedad el Imperio Romano, como fantasma que se resisten a morir, vuelven a la carga para imponer su hegemonía política, económica y espiritual sobre el resto de la humanidad.

Y no es casual que esto suceda, tal y como lo reconoce la propia Biblia, ya se acerca el fin de la Era de Piscis, en la que el Cristo fue el rey. Ya se acerca la Era de Acuario (2154), en la que podremos alcanzar la verdadera libertad humana, cuando estaremos más cerca de El Padre.

Andrey V. R. febrero.2016

Mujeres con pene

En cuestiones de género son más las dudas que las certidumbres, aunque la mayoría piense lo contrario. Cada civilización ha establecido los patrones de identidad que le corresponden a cada uno de los géneros, el femenino y el masculino. Cada cultura presenta sus
particularidades, pero al fin y al cabo, las sociedades adoctrinan a través de la costumbre a todos sus miembros desde la infancia en cuanto a lo que corresponde a cada quien. Por otro lado, en las últimas décadas ha habido una explosión de reclamo por hacer corresponder los sentimientos con la identidad física y simbólica externa. Hoy, muchos hombres de nacimiento se proclaman mujeres, y viceversa. Algunas sociedades aceptan la idea y apoyan la lucha por sus derechos. Sin embargo, la revolución de los géneros ha dejado algo fuera: ¿qué es ser mujeres u hombre?

La categorización de “transgénero” hace alusión a aquellas personas que nacen con una naturaleza biológica externa, a la cual la sociedad le imprime un rol simbólico, pero que expresan no sentirse
correspondidos con ello, por lo cual migran al rol genérico opuesto. Los estudios biológicos y psicológicos abundan por todas partes. En política los partidos llenan todo el espectro de opciones. El colectivo “trans”, como parte de la “comunidad LGTBI” lucha, desde su gheto, por los derechos y el reconocimiento de la sociedad. Sin embargo, no advierten que esa lucha no lo libera verdaderamente, y que en lugar de romper esquemas en cuanto a la concepción de lo que comúnmente se entiende por “género”, solo están reproduciendo los modelos heteronormativos que las sociedades han impuesto a sus individuos desde hace miles de años atrás.

¿Qué es una mujer? Cualquier sociedad que responda a esta pregunta comenzará haciendo una descripción física. Luego, tal vez, hable algo del comportamiento, sus rituales y sentimientos. Lo mismo sucede con el concepto de “hombre”. Los transgéneros de hoy, gracias al desarrollo de la medicina, dicen tener la suerte de ver hecho realidad su sueño de lucir como una mujer. Con un par de cirugías podrán remover el pene que “accidentalmente” la naturaleza les proveyó. Luego, un especialista construirá en su lugar algo lo más semejante a una vagina.

Entonces, podríamos decir que estos rebeldes de los géneros están de acuerdo en que ser mujer es tener una vagina y un par de tetas. ¿Ven la contradicción por alguna parte? Pienso que esta revolución está a medias aún. Rompen con el determinismo biológico en un inicio al no aceptar lo que son (o mejor, lo que la sociedad les dice que deben ser) y luchan por ganar su lugar en el puesto contrario. Sin embargo, una vez allí, mutilan sus cuerpos para construir la misma imagen totalitarista de los que la sociedad dice que es una mujer o un hombre.

¿Acaso esto les responde definitivamente lo que entienden por género? ¿Por qué alguien que nació con un pene, pero que se siente con el alma de mujer, ha de mutilar su cuerpo para cumplir con un fetiche construido artificialmente por cada una de las sociedades? ¿Acaso no pueden existir mujeres con pene? El asunto todavía sigue sin ser dilucidado.

En la India de hoy y en muchos otros países de la antigüedad existe una categoría de personas denominada “eunucos”, hombres privados a posteriori de los órganos reproductores con que nacieron
originalmente. Muchos de ellos eran utilizados por las castas dominantes como guardianes de sus harenes o simplemente como objetos de satisfacción masculina. En la India de hoy tienen plenos derechos ciudadanos y se les conoce legalmente como el tercer sexo. Claro, muchos de ellos ni siquiera pidieron ese destino. Sus respectivas sociedades le otorgaron un rol para cumplir con las necesidades culturales de sus restantes miembros. Aun así, este caso nos aporta varios elementos para la reflexión inicial: es posible romper culturalmente son el determinismo socio-biologisista que
tradicionalmente se nos ha impuesto.

El problema tal vez radica en que no nos queda claro aún qué es verdaderamente lo que le corresponde a cada uno de los géneros, o sencillamente, que deberíamos cuestionarnos si en verdad debe corresponderle algo en específico.

Mujer: debilidad, sumisión, maternidad, crianza, sensibilidad, pasividad, afecto, histeria…
Hombre: fuerza, dominio, gobierno, leyes, frialdad, activo, desafecto, obsesión…

Afortunadamente estos esquemas comenzaron a romperse hace mucho, y numerosas culturas admiten la migración de dichas características de un lado a otro. Sin embargo, sigue existiendo el punto inamovible del órgano reproductor. Y aquí es donde dicen chocar los transgéneros. Dicen poseer el alma de la primera y el cuerpo del segundo. Con ello admiten que las características antes mencionadas deben seguir, al menos en esencia, como paradigma de lo físico-biológico. Entonces, ¿dónde está la verdadera ruptura?

Mujer-vagina- características culturalmente otorgadas a lo femenino Hombre-pene- características culturalmente otorgadas a lo masculino

Así, como a modo de pacto sangriento con la misma sociedad que los persigue y discrimina, estos transgéneros aceptan parte de sus “culpas” y “pecados” y deciden mutilar sus cuerpos para mantener el sistema inamovible que impera en sus civilizaciones. De este modo, si por dentro dicen ser mujer y lo defienden valientemente, van y se hacen sus cirugías para pagar la cuota que la sociedad les pide para ser (al menos en teoría) aceptadas en la normatividad que la acosa y hostiga, en tanto se mantendrá la correspondencia del esquema anterior.
Pienso que la verdadera revolución de los géneros estaría en separar lo biológico externo de lo social impuesto; y lo biológico en su totalidad de los roles que demandan las relaciones sociales. Esta doble ruptura nos puede llevar a:

Mujer: vagina o pene + rol social particular
Hombre: pene o vagina + rol social particular

¿Quiere decir esto que ni siquiera deberíamos hablar de género? La dicotomía femenino/masculino ha resultado ser un espejismo
esclavizante por el cual muchas personas se sienten frustradas, desorientadas, lastimadas, incomprendidas, discriminadas. ¿Para qué clasificar? Esto solo hace de la humanidad una gran cárcel de sentimientos.

¿Hombre o mujer? ¡Qué más da! Responder con uno de los dos devela la esencia adoctrinante y esclavista de una sociedad que solo nos quiere para que realicemos una función. ¿Y qué hay de nosotros? ¿Qué pasa con nuestros sentimientos y libertades?

La revolución de los transgéneros debe seguir adelante. La
incomprensión de su propia esencia sigue lastimando a sus seguidores en nombre de una libertad que no es tal. Tal vez triunfe,
verdaderamente, cuando veamos con toda naturalidad a una mujer orgullosa de su pene.

Andrey V. R.
31 enero 2016

El sentido del Foro Social Mundial

El Foro Social Mundial, fundado en el 2001 en la ciudad brasileña de Porto Alegre es sin duda una respuesta certera a al modelo de globalización neoliberal que imponen los centro de poder mundial. Sin embargo, el fuerte activismo social del amplio conjunto de
organizaciones que lo conforman parece diluirse en su propia heterogeneidad.

Este mes de enero de 2016 se estrena con una edición especial del mismo en la ciudad de Porto Alegre, mas la cita oficial corresponderá al mes de agosto y se efectuará en la ciudad canadiense de Montreal. Será la primera vez que se celebre en un país norteño.

A lo largo de estos años sus activistas y promotores han dado respaldo a la gestión de los gobiernos progresistas de América Latina y se han plantado contra las típicas recetas emanadas, entre otros, de foros del gran capital como el de Davos.

Las demandas son tantas como personas acuden a sus mítines y talleres. En medio de un confuso espectro político y la heterogeneidad de sus enfoques ante los principales problemas que azotan a la humanidad y sus posibles soluciones, solo parecen estar verdaderamente de acuerdo en que el capitalismo no es el futuro que desean.

Esto puede significar diferentes cosas, desde el evidente esfuerzo de unidad en medio de la diversidad, hasta el peligro real de no trascender más allá de las manifestaciones y reclamos colectivos al calor de las concentraciones organizadas por el Foro.

Justamente esto último es lo que debe preocuparnos. Me resulta lastimoso ver que un foro de este tipo desperdicie las grandes potencialidades con que cuenta. Reunir cada año (incluso varias veces al año) a decenas de miles de personas bajo una causa común evidencia esfuerzo, entrega e interés serio en lo que se hace. ¿Por qué entonces no trascender a una fase más proactiva y vinculante?

Ejercer presión a través del reclamo puede funcionar muchas veces, pero en otras no tanto y pasado el tiempo hasta ninguno. Las marchas y talleres están bien, pero no es suficiente. Gritar al mundo nuestra indignación no basta para resolver o reconducir nuestros destinos.

¿Por qué no construir verdaderas redes permanentes en cada uno de nuestros países federadas a nivel internacional? ¿Sería mala idea organizar un Comité Ejecutivo Permanente que encauce cada una de las propuestas planteadas por los Foros? Tenemos que construir nuestros propios mecanismos de solución a los problemas, en oposición a las recetas del gran capital internacional y como una alternativa coherente y ordenada de la propuesta que defendemos.

En tanto no se trasciendan las meras actividades formales de críticas y denuncia, mientras nos sigamos conformando con marchas de
indignación, no seremos capaces de desmontar al capitalismo y el Imperio que lo impone sobre nosotros. Esta Era es nuestra, y como tal debemos ir y tomarla con nuestras propias manos.

Andrey V. R. 20.enero.2016

La humanidad nos ha salvado

Carne. Somos solo carne y hueso. Somos una casualidad que se muere mientras dice vivir. Dolor y placer se confunden en nuestros cuerpos entre un amasijo de ensayos y errores de nuestra propia imperfección biológica. Sin embargo, la alegría inunda nuestras existencias, y nuestra capacidad de crear nos ha llevado a compararnos con los dioses.

¿Y cómo es posible? ¿Acaso no basta la sabida sentencia de muerte a la que de antes de nacer ya estamos sometidos? ¿Acaso no es suficiente para anular nuestra existencia?

Es que esta carne está llena de una magia que todavía no somos capaces de entender a plenitud. Estas carnes y estos huesos se ha revestido de humanidad y nos han convertido en Seres Humanos, capaces de transitar a través de la casuística sentencia de nuestra mortalidad con La Alegría que nos llevó a fundar las artes, los mitos y fantasías, las ciencias y el pretendido legado de una esperanzadora inmortalidad en todo lo que creamos.

Ser humanos nos ha salvado de la simple existencia de ser moléculas bien organizadas, de ser organismos andantes repletos de dolor. La humanidad nos ha rescatado del sinsentido, haciendo que viajemos en la búsqueda eterna del mismo sueño que transforma nuestras vidas y hace que todo sea diferente.

Pero, ¿qué es la humanidad misma? ¿es una virtud, un don, una simple propiedad de nuestra naturaleza? ¿Será preciso aprehenderla o simplemente dejarla ser? Hasta ahora la historia de nuestra especie ha consistido en morder la manzana del árbol de la ciencia, pero ello no quiere decir que lo hayamos logrado, ni que el intento fuese útil.

Soñar, amar, creer, luchar; todo ello nos despoja de la mundanidad de que estamos hechos. Y todo ello junto es (…)

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Andrey V. R. / 11.enero.2016

COP 21: nuestro destino común

Los ojos del mundo están sobre París. Los ojos de los seres que él vivimos estamos atentos a la Conferencia Internacional sobre Cambio Climático a la espera de un resultado verdaderamente a la altura de la amenazas que sobre nosotros se cierne.

En la Conferencia de Río hace ya 23 años no se obtuvo nada relevante, pese a que la comunidad científica alertó que estábamos atrasados. Hoy, cuando se ha hecho mucho menos desde entonces, resulta bochornoso estárselo pensando tanto para llegar a un acuerdo universal y vinculante que ponga en marcha medidas concretas para frenar y revertir el maltrato a que sometemos a nuestro frágil ecosistema.

Verlo así, tan simple como es, resulta absurdo que los líderes mundiales no vean el claro peligro al que estamos expuestos. ¿Qué paso con la humanidad? ¿Acaso nos domina un instinto suicidad o es que tenemos la autoestima demasiado baja? ¡Qué el planeta se muere!

Si no hacemos algo urgente y contundente la realidad que hoy conocemos será dramáticamente distinta a la que vemos hoy. Aumentarán los desastres naturales, las cosechas serán cada vez más pobres, aumentará el nivel de mar y muchos países perderán sus costas y ciudades…

¿Y por qué es tan difícil ponerse de acuerdo?

Para reducir el efecto invernadero hay que disminuir la emisión de gases de efecto invernadero, es decir, los gases contaminantes de las grandes industrias. ¿Y dónde están esas grandes industrias? Pues en los países ricos del norte. ¿Están dispuestos ellos a hacer grandes inversiones para cambiar las bases tecnológica que los sostiene? Pues no, es demasiado caro.

Pero el asunto es más complejo que este. Vayamos a EE.UU., el país más industrializado y el que, naturalmente, se ha resistido
tradicionalmente a firmar cualquier tipo de tratado o compromiso internacional.

Obama reconoció en París las culpas de su nación y dijo que estaban dispuesto a hacer algo al respecto, sin embargo ni siquiera se dignó a hablar sobre la explotación del dañino gas de esquisto. Nada, más demagogia e hipocresía del emperador.

En EE.UU. el sistema imperial capitalista se basa en la desenfrenada obtención de plusvalía y superganancias a toda costa. La casta oligárquica no está dispuesta a cambiar su modo de vida y mucho menos otorgar los grandes créditos robados a los propios países del tercer mundo para que estos puedan también contribuir a cambiar su base productiva.

El presidente del Ecuador, Rafael Correa, aboga por crear la Corte Internacional de (…)

Andrey V.R. 1.diciembre.2015

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