En el corazón de Rusia hay un país que casi nadie conoce. Su gente llegó a estas tierras mucho antes que lo hicieran los propios rusos y viven pacíficamente en sus ciudadelas y aldeas rodeadas de bosques. Mari-El es la república de los marí, la gente que “se dedican a la magia” como bien afirman sus vecinos tártaros, rusos, udmurtos y shuvashis.

Los bosques de Mari-El me hechizaron desde la primera vez que me interné en ellos. Pasar días enteros entre sus árboles supone una experiencia sobrecogedora. Allí habitan osos, jabalíes y otras muchas especies, pero lo que le otorga la diferencia es la magia con que los marí lo cuidan.

 

Sobre este tema ya les he hablado en varios videos en mi canal de Youtube. Hoy quiero que sigamos el viaje a través del bosque y lleguemos al centro de este país tan hermoso para llegar hasta su capital, la ciudad de Yoshkar-Olá, que en idioma marí significa “ciudad roja”.

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Caminar por sus calles supone mezclarse con gente sencilla y humilde, escuchar de vez en cuando el idioma marí y ver pasear a grupos de gitanos.

Sin embargo, una vez dejado atrás al bosque y las aldeas descubres que la ciudad ha sido secuestrada y que aquí la magia no se siente. En su mayoría sus habitantes son rusos y la arquitectura es fiel reflejo de ello. Por doquier se ven iglesias ortodoxas toda una arquitectura que nada tiene que ver con los marí.

 

Cuando Iván el Terrible conquistó estas tierras hacia el 1546 los marí se internaron en los bosques y allí han permanecido esencialmente hasta el día de hoy. Los conquistadores rusos fundaron en 1584 Tsaryovokokshaysk (la actual Yoshkar-Olá).

Hoy, el centro de la ciudad además de reparar sus edificios emblemáticos, se levantan nuevas iglesias ortodoxas y malecones que son una calco y copia explícito de ciudades holandesas y belgas. Hoy, pasear por el centro de la ciudad supone fantasear con que no se está ni siquiera en Rusia.

La capital de este país mágico ha sido raptada desde su fundación misma. Es como si se tratase de un mini país dentro de otro. Los marí parecen indiferentes al asunto, no sé si por resignación o falta de alternativas. Ellos, como hace siglos atrás, prefieren los bosques y las aldeas. Allí es donde se encuentra la magia y hacia allá me regreso yo.

Andrey VR

 

 

 

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